martes, 16 de agosto de 2011

Crónica del concierto de Cinderella en el Irving Plaza de Nueva York el 9 de agosto de 2011



Pues sí, los carteles que anuncian los conciertos también son  como en las pelis!

Tras su paso por Bilbao, Madrid y Barcelona en junio, Metalbitacora recibió la invitación para asistir a uno de los conciertos de Cinderella durante su gira estadounidense, y allá fuimos, a ver su noche en Nueva York. Queríamos comprobar si su leyenda es tan grande allí como creíamos, o como lo fue hace dos décadas, y también si los europeos habíamos recibido una dosis mucho menor de la Cenicienta de la que daban en su país. Recordemos que tocaron una hora y diez justita en Bilbao, dejando fuera algunos clásicos de su discografía.

Nunca había asistido a un concierto en los Estados Unidos, así que lo primero que me sorprendió fue el luminoso que preside la puerta de entrada a un recinto de un tamaño no muy superior a nuestras salas. Más bien discreto, con pinta de teatro, y con un segundo piso sólo apto para los VIP's. Para aburridos, vamos, porque si el público de pista es paradito en los States, los de arriba parecen momias. Pero esa es otra guerra.

El luminoso anunciaba a Cinderella para esa noche de 9 de agosto, calurosa y con muchísima humedad en Manhattan. Fue sencillo llegar al Irving Plaza, pues está al lado de Union Square, apenas a unos metros de la salida del subway, así que al llegar a su entorno pensé que comenzaría a toparme con pelos cardados, olor a laca, mallas bien ajustadas y botas de cowboy. Pero mi gozo en un pozo.

Ni expectación ni frikis ni Metal. Como ya contaré más adelante New York City (NYC) no es la ciudad del Metal. Es la ciudad más espectacular del mundo, pero allí heavies, lo que se dice Trues, más bien poquitos. Así que entramos al Irving pensando que quizás dentro cambiaba la cosa, y nada. El mismo merchandising que en Bilbao y sorprendentemente el mismo número de asistentes, muy pocos pelos largos y escasez de camisetas negras. Las bandas pegadas al pecho iban desde Mayhem hasta los propios Cinderella. No se puede beber en la calle, no se puede fumar dentro, y las latas de Budweiser cuestan cinco o seis euros. Más la dichosa propina, total? Pues como en casa más o menos.

La sala no es muy grande para lo que es NYC, pero su actividad es intensa, incluso durante en agosto que es un mes más bien escasito de conciertos en la Gran Manzana. Pero esa misma semana iban a acoger una descarga brutal con seis bandas extremas, entre ellas Dying Fetus, Six Feet Under, Whitechapel y los cabezas de cartel, unos verdaderos dioses en EEUU, The Black Dahlia Murder. Diría que hubiera preferido esa noche, pero como seguramente lea esto alguien a quien no le gustará que lo diga, pues no lo digo.


Metalbitacora con John Corabi (o es un pirata del Caribe?)

Lo mejor de todo fue que el telonero, John Corabi, salió a escena muy puntual. La gente la acogió con aplausos y calor. Se nota que este chico le cae bien al público hardrockero. Su paso por Motley Crue tuvo más pena que gloria, pero lo cierto es que hay gente que nace con estrella y otra nace estrellada. Y el pobre Corabi es de los segundos. Me parece el Ripper Owens del Hard Rock: todos le admiran, tuvo su oportunidad en una gran banda, pero nunca le acabaron de salir las cosas. Vamos, que nunca consiguió tener su grupo. Cuidadito Myles Kennedy a ver si no te ocurre lo mismo.

John Corabi cogió su acústica y una lata de cerveza y allí subió, a hacer un concierto exclusivamente acústico. Es algo que yo no sabía, y que me dejó un poco frío. Pero la cosa no fue mal. Si bien al principio la propuesta no parecía agradar, la intimidad y el cariño que Corabi iba inyectando a los temas, y sus pequeños discursitos entre canción y canción lograron animar a un respetable que cumplía los clichés del público rockero yanki al 100%.

Corabi, con un look parecido al de Johnny Depp en Piratas del Caribe mostró sus encantos con "Love (I don't need it anymore)" de Union y otras versiones, como "Man in the moon" de The Scream, la emotiva "Father, mother, son" y por supuesto algunas composiciones de los Crue, sobre todo el medley de "Driftaway + Home sweet home" que todos cantamos al unísono. Cerró con una de los Beatles, "Oh! Darling". Se llevó una buena ovación de quienes estábamos en el foso. Los VIP's parecían figurantes, qué cosa de verdad...



Pensando que es un buen cantante, que no es un compositor desechable, y qué poco acogedor era el público salí a airearme antes de que salieran las estrellas de la noche, que hay que decir que estuvieron muy bien, mucho mejor que en Bilbao. Cinderella transmitieron que aún tienen cosas que decir en este negocio, y que si son capaces de componer un puñado de buenas canciones, su nuevo disco puede ser una sensación. La noche de la Rock Star en Barakaldo todos salimos contentos: habíamos visto a una banda que muchos pensábamos que jamás veríamos en directo, habíamos rememorado grandes clásicos, pero nos quedamos con la miel en los labios por su corta duración (hora y diez) y porque la voz de Tom Keifer nos pareció muy justita, sobre todo al principio. Pasados los temas entró en calor y se despejaron los fantasmas, pero nos temimos lo peor.

Sin embargo, en NYC vimos que la gira les había hecho muy bien. Dos meses más han devuelto a Keifer el estado vocal de antaño, ha adelgazado unos cuantos kilos y se mueve mucho más de lo que lo hizo aquí. De hecho, él se encargaba cada rato de animar a un público realmente apático. ¿Esta gente vive así al Rock N' Roll? Pero si no dan un paso ni una palma! Chavalería, que estas canciones son joyas de nuestra juventud! Bueno, ellos mismos. Desde el principio hasta el fin, bailamos al ritmo de Cinderella, que ejecutaron sin fallos, con una buena coordinación entre ellos y con el liderazgo de Keifer y del altísimo Jeff LaBar a la guitarra. Incluso ambos llegaron a batirse en duelos de guitarra y hasta en duelos de guitarras de doble mástil. Cómo nos siguen gustando esas macarradas.

El setlist fue prácticamente clavado al nuestro, con esa fría apertura que es "Once around the ride", para luego ir a "Shake me". El telón que les presenta como 25 años de Rock N' Roll americano presidía una sobria escena, con un juego de luces que aportaba mucho (cuánto hay que aprender aún por aquí en detalles como ese!), y en todo momento Keifer dirigiendo la orquesta.

Cuando uno ve varios conciertos de este grupo comprueba por qué siempre les han faltado un par de pasos para llegar a lo más alto: falta un poco de energía, algo de actitud y sobre todo más sacrificio. Pero están ahí porque tienen temas buenísimos, mucho mejores que otros de su quinta. Gracias a esas canciones han sobrevivido. "Heartbreak station" es una brillantísima composición que en Bilbao todos cantamos a una, entonces casi me cabreo al ver tanta frialdad entre quienes me rodean. Enlazan con "Somebody save me", que es mi favorita y aquello promete ser una gran noche en la que sólo se ausentará el público. Así es.



"Coming home", "Nobody's fool", que es para desgarrarse la garganta a gritos, y "Gypsy road" son algunas de las que nos dirigen hacia la segunda parte del show, los bises. Curiosamente, y a pesar de que han pagado entre 41 y 50 dólares por entrar, los asistentes ni siquiera se molestan en pedir que salgan otra vez. Bueno, algo de razón tendrán porque saben que de un modo u otro saldrán, pero vamos, algún gritito, así, aunque se os escape... O no?





"Long cold winter" supone uno de esos duelos guitarreros entre Kiefer y LaBar, en plan blues, antes de que, esta vez sí, todo el mundo se ponga a bailar con el que fuera su gran hit: "Shelter me". Thank you New York, y a casa. Cinderella estuvieron soberbios -entendámonos, para lo que son ellos en directo- y el público neoyorkino estuvo en lo que dicen que es su línea: parado, apático y poco comunicativo. El cóctel no es muy sugerente, pero sirvió para que comprobáramos que Cinderella se van recuperando, y que pueden tener cuerda para rato. ¿Grabarán nuevo disco de una vez?


domingo, 14 de agosto de 2011

Crónica del concierto de Europe en el Festival Brincadeira (Ordes, A Coruña) el 13 de agosto de 2011

Festival Brincadeira

Ordes, A Coruña, Galiza
Sábado, 13 de agosto de 2011
Entrada: 20 euros (25 en taquilla). Otros grupos que actuaron ese día: Manolo Kabezabolo, Boikot, Habeas Corpus, Burning o Locomía

En la avalancha de festivales veraniegos que tenemos en la Península, despuntaba en Galicia este Festival Brincadeira por su concepción y por su cartel. Un cartel extremadamente variado, y que presentaba a leyendas del Rock en español como Rosendo u Obús, a personajes inclasificables como Manolo Kabezabolo, clásicos como Burning, y exotismos como Locomía, además de una variada selección de la producción propia galega, incluyendo a bandas que van desde el Rock hasta el Hip Hop, y entre las cuales destacaría a los brillantes Dios que te Crew o a Dakidarría.

Pero para nosotros el reclamo era Europe, en su penúltimo concierto de la gira veraniega (el último, según contó Joey Tempest será en Oslo, Noruega) antes de entrar al estudio en octubre para grabar un nuevo disco, del que por cierto nos presentaron un tema titulado "Doghouse". Así que allá fuimos, a verles por quinta vez desde su retorno en 2003. Europe será una de las bandas que más veces he visto desde entonces, junto con Maiden, Metallica y otras españolas como Hamlet o Los Suaves, y si les he visto tanto es, simplemente, porque siempre cumplen. No conozco a nadie que haya probado el directo de Europe y que haya salido insatisfecho. Conozco a muchos que fueron a verles llenos de prejuicios y salieron encantados. Europe es un grupazo. (Sala Rock Star 2008, Kobetasonik 2008)


Desde la base rítmica, con Ian Haugland castigando la batería y John Leven casi hierático al bajo, yendo a los coros y teclados de Mic Micaeli, pasando por ese guitar hero que es John Norum, hasta el siempre sonriente Joey Tempest, con un prodigioso estado vocal, Europe ofrecen calidad y carisma a un público que acaba siempre rendido y no sólo por los clásicos de los '80, cada vez más ignorados en sus repertorios, que se basan en un altísimo porcentaje en temas de esta nueva etapa, más rockeros, menos comerciales e incluso mucho más complejos compositivamente hablando.

Pocos minutos después de la una y media, y ante un público muy variopinto donde dominaban los metaleros y los curiosos desinformados que esperaban ver a un grupo decrépito del que sólo conocían "The final countdown" y "Carrie", los suecos salieron a Ordes (Qué será los próximo? Van Halen en Abaltzisketa?) como siempre a darlo todo, con la intro de "Last look at eden" que fue su primera canción. Es la que abre su último disco de estudio hasta la fecha y con su ritmo sinuoso Tempest comenzó a jugar con el pie de micro y a sonreír hacia nosotros, y ya desde ese momento pudimos ver a Norum un poco más empático que de costumbre. Sin llegar a echarse carreras por la escena, esta vez el normalmente seriote guitarrista interactuó un poco más de lo habitual.

Rápidamente lanzaron otro tema de la nueva etapa, uno de los más heavies, "The beast", y aunque había bastante desconocimiento, como es normal ante un público tan diverso, la respuesta fue unánime: aplausos y puños en alto. Claro que Europe sintió el calor del público a la tercera, un "Superstitious" que siempre es acogido con entusiasmo, y que es una canción que nunca falta en sus repertorios. Y que además siempre va en tercer lugar. Hubo tiempo para volver más atrás en el tiempo y recuperar la cañera "Scream of anger", ahora que han aparcado "Wings of tomorrow", "Stormwind" o "Seven doors hotel", que eran las habituales hasta 2010.

Y para dejar claro que aquello era un concierto de Hard Rock, seguir repasando toda su discografía, se fueron a lanzar un "Let the good times Rock", que precedió a la inevitable "Carrie". Esta vez tocaron la versión original, sin parte acústica como han hecho otras veces: piano, estribillo y solo de Norum. El público hizo el resto. Para entonces Tempest había dado ya un recital de cómo ha de ser el frontman de una banda de Rock: profesional, sin hacerse el malote rompiendo habitaciones de hotel, cuidando su voz, con un buen abanico de bailes y poses y sobre todo transmitiendo sonrisas y complicidad hacia un público que paga para eso. Por cierto, sólo 20 euros, la mitad de lo que habría que pagar por verles en una sala.



"No stone unturned", del último disco, abrió paso al corto pero excelente solo de John Norum, quien mostró un nuevo juego de guitarras esa noche, entre ellas una Gibson y una Flying que me hizo pensar si no se estará haciendo del todo con las riendas del grupo para endurecer su sonido aún más. Otra cosa que hay que agradecer de Europe es que siempre varían su setlist. No esperaba "Seventh sign", un tema que muy pocos conocíamos allí, y que abrió una fase intermedia del concierto más pausada, no porque fuera menos cañera, sino porque la gente observaba ante sí a una banda completamente diferente de la que muchos esperaban, una banda madura, con una oferta musical muy diferente de la que tenían entre 1985 y 1990, y absolutamente empastada y unida.


"The getaway plan" me parece una de las canciones en las que Tempest está más juguetón, quizás por los wua-wuas del estrubillo. El cantante tocó la guitarra en varios temas, en la bella "New love in town" la acústica, y después otro solo, este divertidísimo, de Haugland a la batería. Con la sintonía del Séptimo de Caballería, Haugland castigó los parches y arrancó los aplausos del público, que se lo estaba pasando en grande. El batería estaba de cumpleaños, y antes de los bises sopló las velas y descorchó una botella de champán como podéis ver en uno de los vídeos. "The one and the only" como lo definió Tempest. La verdad es que es muy carismático este chico.

Y a partir de ahí, la traca final, un derroche de Hard Rock que se convirtió en toda una celebración tanto arriba como abajo del escenario. "Love is not the enemy" fue la transición hacia un tema que nunca había escuchado en sus directos, era una de mis espinitas, esa joya del AOR llamada "More than meets the eye", una pieza exquisita que disfruté de lo lindo y que me dejó muy poco oxígeno para los dos cañonazos que nos lanzaron después: la espectacular "Cherokee" y la emocionante "Rock the night", ambas cantadas al unísono por banda y respetable. Uno se para a pensar y se da cuenta de la cantidad de temazos que tiene Europe en toda su discografía.


Los oes fueron inevitables en la pausa previa a los bises, que sólo fueron dos, pero de muchos kilates. El primero de ellos, el tema nuevo del que os hablaba: "Doghouse", adelando de su próximo disco que parece consolidar una tendencia hardrockera muy interesante y altamente creativa, y que debe servir para llevarles de nuevo a las más altas cotas de éxito porque, sinceramente, se lo han vuelto a ganar. El final fue el inevitable: esa gran comunión que se da cuando Micaeli empieza a entonar con sus teclados a perfilar "The final countdown". Tempest nos instaba a saltar pero no hacía falta porque siempre, cuando acaban sus shows, aquello es el delirio.

Una vez más me río de quienes nos intentan enseñar el camino del Metal con esos grupillos cuyos cantantes instan a hacer círculos y a batirnos a empujones y a codazos con propuestas musicales tan pobres como la economía de Grecia, despreciando a bandas monumentales como Europe. Esto es Rock duro; se trata de pasarlo bien y de hacer buena música, nada más, y ellos siempre cumplen. Tú te lo pierdes, machote.


Setlist
Intro + Last look at eden
The beast
Superstitious
Scream of anger
Let the good times rock
Carrie
Solo Micaeli
No stone unturned
Solo Norum
Seventh sign
The getaway plan
New love in town
Solo Haugland
Love is not the enemy
More than meets the eye
Cherokee
Rock the night
----------------------------------
----------------------------------
Doghouse (new song 2011)
The final countdown


martes, 19 de julio de 2011

Crónica del Sonisphere de Getafe 2011 (segunda parte)


La segunda jornada del Sonisphere de Getafe 2011 empezó tal y como temíamos, con un calor insoportable a las tres de la tarde. Hasta entonces no se abrió el recinto, con lo que formó una cola considerable, que hubo que sortear como buenamente pudimos para poder ver a los suecos Hammerfall, que salían sólo 20 minutos después de la apertura de puertas. Como siempre, hubo alguna anécdota con los encargados de la seguridad. A mí me requisaron la crema solar, tan necesaria con ese sol implacable, porque según el vigilante “si le pones fuego se convierte en un cóctel molotov”. Eso sí, pude pasar con mi triple cadenón, con el que le podía haber abierto la cabeza a él y a sus compañeros. Así que sin protección solar y un poco de cabreo me dispuse a bajar al foso.

El deterioro del terreno tras una jornada de festival era evidente, y todo se agravó con una ventolera fortísima que empezó a la levantarse al poco tiempo. La polvareda era insoportable, y las mascarillas fueron necesarias para mucha gente, supongo que asmáticos, enfermos crónicos y alérgicos, que debieron sufrir de lo lindo. No entiendo cómo estos guerreros del Power, con una trayectoria tan rotunda aunque algo venidos a menos con sus últimos trabajos, pudieron ser situados a las tres de la tarde y con sólo media hora de tiempo. Fuimos muchos los que nos situamos en las primeras filas para escuchar una descarga muy digna. Creo que hay que reconocerles el mérito de trabajarse un concierto muy potente a pesar de que todos los elementos estaban en contra.

Abrieron con “Any means necessary”, de su penúltimo disco, cuyo estribillo es tan pegadizo que la gente, a pesar de la deshidratación y el calor, se puso a saltar al unísono. Arrancaron la moto casi sin pausa para ofrecernos “Renegade”, y volví a preguntarme quién habrá sido la luminaria que decidió que Apocalyptica debían tocar más tiempo que Hammerfall. “Blood bound” cayó con un arranque más tranquilo y semiacústico, y a partir de ahí ofrecieron un par de temas nuevos, entre ellos uno dedicado a la pasión metalera titulado “Bang your head”. En la traca final cayeron “Hammerfall” y “Let the hammer fall”. Creo que hay que reconocer a Joacim Cans y los suyos la entrega, a pesar de que considero que desde la entrada de Pontus Norgren a la guitarra han perdido algo de pegada. Quizá sea una sensación personal, pero me parece que ese chico no disfruta con lo que hace, y que son Cans y Dronjak quienes siguen tirando del carro. Si hubieran tocado a media tarde y hubieran dispuesto de media hora más, se iban en medio de un clamor. Eso sí, prometieron volver en noviembre, y ya se ha confirmado que el 10 de diciembre tocarán en Bilbao. Y allí estaremos, claro.



Las barras empezaron a colapsarse poco a poco, y la combinación de solana y viento amenazaba con convertirse en letal. En algún momento llegué a pensar que nos íbamos a morir todos antes de escuchar el primer saludo de Bruce Dickinson. Afortunadamente, el desacierto a la hora de seleccionar y situar a las bandas en orden se convirtió en nuestro aliado. La tarde seguía con Mastodon, Apocalyptica y Dream Theater, así que la mayor parte de la gente combinó la búsqueda de una posición adecuada para ver a Maiden con la visita a las barras y la búsqueda de las insuficientes sombras que nos dispusieron.

No puedo aportar gran cosa sobre Mastodon, no es una banda que me interese demasiado. Reconozco su sonido potente y original, pero su directo me parece complejo, difícil y por momentos cargante. Eso sí, hay que destacar el buen audio del que disfrutaron casi todos los grupos durante el festival. Con alguna salvedad y puntuales errores, en general pudimos escuchar con nitidez tanto el viernes como el sábado.

La espera entre grupo y grupo empezó a alargarse en exceso, y tras Mastodon era el turno de Apocalyptica. No entiendo la querencia de los promotores por este grupo para situarles en todos y cada uno de los festivales españoles. Su propuesta es atrevida, virtuosa, distinta. Pero lo es sólo durante un rato. Tienen que tirar siempre de Metallica y Sepultura para motivar a un personal que en su gran mayoría les han visto ya varias veces, y eso reduce un poco el interés. Aún así, los más incondicionales les ayudaron a cantar. Lo único interesante fue la aparición de un vocalista para ayudarles en varias piezas, entre ellas la gran “I’m not Jesus”, que sin duda es su mejor tema, cantado originalmente por el gran Corey Taylor.

Poco a poco se acercaba el momento de la verdad, y volví a sorprenderme con la capacidad de arrastre de Dream theater. Presentaban a su nuevo batería, Mike Mangini, que tiene una difícil papeleta, la de sustituir a Portnoy, y existía cierta expectación por conocer su destreza. Sí, son musicazos, pero en un festival no suele encajar un grupo que toca para músicos que, en mi opinión, es lo que hacen DT. Tocan de tal manera que el espectador sólo ve lo bien que ejecutan las notas. No hay feeling, no hay conexión con el público, no hay feedback. Sólo te plantas allí y admiras su calidad. Creo que era la tercera banda consecutiva que generaba una cierta desafección hacia el escenario.

Y es que claro, todos esperábamos lo que esprábamos. Queríamos Maiden, nuestra dosis anual. Creo que debería estar regulado por ley un concierto al año del grupo de Heavy Metal más querido de la historia. Aún con el día sonó el “Doctor, doctor” y la sangre empezó a bombear desde nuestros corazones deseando asistir a la espectacular salida a la escena que ofrecen cada noche, como la banda más profesional del género que son. Nunca fallan, lo dan todo y respetan como nadie a los fans. Y sólo por eso merecen nuestro agradecimiento, al margen de que nos gusten más o menos los temas que seleccionan en el repertorio.

Tras los UFO, empezó la larga y tediosa intro que encabeza el “The final frontier” que nos venían a presentar. Un número 1 en 22 países que, sin embargo, nos ha dejado fríos. Esa es la verdad. Pudimos observar un despliegue escénico espectacular, con la batería de Nicko en medio, impresionante, y la disposición en dos alturas para que Bruce pueda moverse a su antojo. Acabó la intro de cuatro minutos y medio y ahí salieron, en tromba, para atacar con “The final frontier”, que es una canción que me engancha, de lo poco del disco que me engancha. Y la disfruté, pero enseguida me percaté de que la mayoría estaba allí, como casi siempre, por “The trooper”, “The number of the beast” y otras tantas que no iban a tocar esa noche. La primera se fundió con “El Dorado”, con el bajo de Harris cabalgando sobre todos los demás.

Hay otro detalle que empieza a ser más que un detalle, y es la poca presencia del gran Adrian Smith en una banda de tres guitarristas. Janick Gers hace demasiados solos para lo que puede ofrecer, que es mucho, pero no es tan brillante con Adrian, y yo le echo más de menos. El grupo lo estaba dando todo, y el público no, así que me empecé a defraudar un poco porque sabía que iba a faltar magia, y la verdad es que faltó. Así que no tardaron en ofrecernos “2 minutes to midnight”, y entonces sí que despertó el personal. Puños arriba y coros al unísino. Más nos valía, antes ya había preguntado Bruce si en Madrid no había “cojones”, al ver el apalanque generalizado. Los había, pero no eran muy grandes, Bruce.

La primera parte del show osciló entre temas del último disco y clásicos, lo que hacía que el calor que se obtenía en un instante se enfriara al siguiente. Eso hizo “The talisman”, que tiene una parte vibrante, pero que se pierde en oscilaciones rítmicas que rayan el tedio. Tanto que una canción tan buena como “Coming home” es recibida de nuevo con algo parecido al pasotismo. Y eso que los más incondicionales de las primeras filas lo coreaban todo. Cada día hay más diferencia entre el público español y el latinoamericano. Y eso es una lástima. Si el respetable no se entrega, no suele recibir algo especial, aunque Maiden seguían a lo suyo. Bruce sin parar, carrera va carrera viene, Nicko clavando todas y cada una de las notas, Harris apuntando con su bajo, Gers bufoneando y Adrian en un segundo plano, como siempre, pero haciendo que todo fluya.



Dance of death” continuó con la apatía generalizada, aunque yo la gocé, porque su parte más rápida me parece estupenda, pero allí se querían más clásicos, y “The trooper” satisfizo los deseos. Zamarra roja de soldado para Bruce, bandera y numerito típico. Está muy visto, pero nos da igual. Empalmaron con uno de los mejores temas de la última etapa, “The wicker man”, un clásico, con esa guitarra magnética que se te mete dentro y te obliga a saltar, ese estribillo de puños arriba y ese tramo final de “oh, oh, oh” para dejarse las cuerdas vocales. Memorable. Sin duda, fue el mejor tramo del concierto salvo la traca final, porque después cayó ese medio tiempo dedicado al sentimiento metalero, a quienes conformamos la familia Maiden, ya seamos basques, como dijo Bruce al ver una ikurriña (San Sebastián? Preguntó), Chile, Noruega, Paraguay y no sé cuántos países más estaban allí presentes. El año pasado se la dedicaban a Dio, esta vez a todos los heavies.

Todo se volvió a frenar con “When the wild wind blows”, a mi juicio el mejor tema de su último disco, una verdadera joya equiparable a “Alexander the Great”. Ya lo vi, soy de los pocos que me la sé de pe a pa. Lástima, os perdéis una gran canción. Y a partir de ahí todo fue hacia arriba pero yo me fui enfriando.

The evil that men do” la he visto varias veces, “Fear of the dark” también, aunque es impresionante la comunión que se da entre banda y público, es una canción mágica, emocionante, nos fundimos todos a una y a Bruce casi no se le oye aunque canta como los ángeles. Qué portento. Y luego va Eddie (qué feo es el Eddie de esta última etapa!) y llega “Iron maiden” para desatar el delirio y conducirnos al único parón.

Una pausa de apenas un minuto para que “The number of the beast” ponga aquello patas arriba, ya con la noche cerrada sobre nuestras cabezas y la pena porque aquello empieza a acabarse. No sin antes vaciarnos con “Hallowed be thy name”, probablemente una de las cinco mejores canciones en la historia del Heavy Metal. Allí siguen, los seis, sonriendo, corriendo, mirándonos a los 40.000 que estamos llevando en volandas un concierto que, a pesar de todo, recordaremos para siempre. “Running free”, presentaciones y despedida. Clamor, abrazos, emociones. Siempre querríamos un “Somewhere back in time”, pero ellos ofrecen cosas nuevas siempre, y eso también hay que agradecerlo.

La masa se dispersa hacia los baños y las barras, casi no hay por donde moverse pero aún queda noche. Una hora después llegaron los que, en mi opinión, fueron los grandes ganadores del Sonisphere: Twisted sister. Qué concierto, qué entrega, qué forma física y vocal mantiene Dee Snider y esta vez sí, qué gran público. Nos acercamos a las primeras filas para ver a un grupo que sólo toca 15 veces al año y que casi siempre escogen España por la legión de fans que tienen. El derroche de simpatía de Twisted fucking sister es tan arrebatadora que no nos paramos de reír.

“The kids are back” y “Stay hungry” ya indicaban que aquello prometía, y vaya si cumplieron. Snider saltó, bailó, corrió, se tiró al suelo y sólo le faltó comerse las tablas. Con “You can’t stop Rock N’ Roll” creí que se desmayaba por la velocidad con la que se movía. Pidió varias veces que se apagaran las luces para ver a la masa entregada. “Beautiful”, dijo, mientras en una de sus parrafadas, el guitarrista nos grabó con su cámara para enseñarlo en su país. Denunció los programas tipo Operación Triunfo, que encumbran a la gente en unas semanas mientras ellos son excluidos de los grandes circuitos a pesar de llevar 30 años dejándose la piel. Y no sólo ellos, citaron a Motorhead, a Kiss y a otros.

We’re not gonna take it” fue impresionante, el vídeo lo dice todo, y se remató con un “huevos con aceite” simpatiquísimo, inolvidable. Casi tanto como el “I wanna rock” que cantamos todos a saltos, y que en su tramo final Dee nos invitó a cantar usando “Rock” o “Fuck”, como quisiéramos. Se fueron para volver con “Come out and play” y “S.M.F.”, y se llevaron nuestro cariño. Espectacular descarga de TS, que están vivos, y que debieran pensar seriamente en grabar nuevo material porque ahí hay cuerda para rato. Sin duda, de lo mejorcito del Sonisphere.





A partir de ahí empezó la desbandada general, aunque aún faltaban los Uriah Heep, que dieron muestra de su talento aunque ya recibieron una respuesta fría, lógica dado el cansancio. Aún así “Easy livin’ “ remachó una buena descarga. A las tres de la madrugada, Lacuna coil pusieron punto final al festival. Tuvieron un sonido horrible, y ellos se quejaron del horario intempestivo que les tocaba pero, la verdad, esta banda no tiene demasiados recursos. Su cantante femenina no es suficiente como para levantar a unos músicos ciertamente limitados, y ese modelo que bebe de Theatre of tragedy y Evanescense a la vez lo veo bastante agotado.

De allí a la carpa, donde Rafa Basa hizo de las suyas, incluyendo una petición de aplausos para la organización, cómo no, que fue recibida con silbidos e indiferencia.

Buen nivel de grupos, malísimo emplazamiento, buen sonido y ambiente inmejorable, ese es mi balance del Sonisphere. Eso sí, volvería ahora mismo. Un festival Heavy es un universo paralelo, es libertad, vivir sin complejos y entre buen rollo. Por eso decía que estoy orgulloso de ser Heavy. Que llegue pronto el próximo.

lunes, 18 de julio de 2011

Crónica del festival Sonisphere en Getafe, Madrid, 15 y 16 de julio de 2011


Hay demasiadas cosas que contar y poco espacio para no aburrir, así que intentaré sintetizar al máximo cómo ha ido esta tercera edición del Sonisphere español, la segunda en Getafe. Musicalmente, el nivel ha sido excelente, hemos asistido a varios conciertos de grandísimo nivel. Organizativamente, hay algunas cosas muy mejorables. En cuanto a público, la respuesta ha sido buenísima en cuando a asistencia (70.000 personas en total, con 40.000 la noche de Iron maiden), pero un poco fría en el plano de la respuesta durante determinadas fases del festival. Quienes me habéis leído alguna vez, sabéis que me quejo del enfriamiento progresivo que observo entre el público que asiste a conciertos de Metal. Cada vez hay más gente que asiste a los conciertos como si fuera al cine. No lo entiendo, pero desde luego si tú eres uno de ellos, no te molestes en mirarme mal cuando dé botes a tu lado. No pienso cambiar.



Si hay que destacar algún grupo en especial, diré que me gustaron Angelus Apátrida, Gojira, Arch enemy, Slash, The Darkness, Hammerfall, Iron Maiden y Twisted sister. No entendí la inclusión de Uriah heep ni de Sober en el cartel, y me disgustaron Lacuna coil, Valient Thorr y Apocalyptica. A Mastodon y Dream Theater no les juzgo, simplemente porque no conecto con ellos.



La jornada del viernes fue especialmente fructífera para mis gustos. Accedimos al recinto (le llamaremos recinto por respetar el diccionario, pero aquello es un atentado a la dignidad, y sólo lo soportamos por la pasión que profesamos los asistentes por el Metal. Organizar ahí un festival en pleno julio no es desacertado, es, simplemente, una burla) cuando eran más de las siete de la tarde, con lo que el concierto de Angelus apatrida ya estab a en marcha. El sol castigaba sin piedad y desde los laterales de la escena se chorreaba al personal de las primeras filas con dos mangueras de agua. Los manchegos dieron un concierto impecable, como suele ser habitual.

Empiezan a dominar las tablas con una facilidad pasmosa. Desde luego, se lo han trabajado, no sé cuántos conciertos llevará encima en los dos últimos años, pero sin duda su esfuerzo está mereciendo la pena. Atacaron varios temas de su reciente “Clockwork”, un trabajo excelente que para mi gusto va mejorando con el paso del tiempo, como el buen Thrash clásico. Una pena no haber llegado desde el principio y no poder degustar sus temas como debe ser.

Y más visto sus sucesores en el cartel, unos Valient Thorr que pasaron sin pena ni gloria, en medio de una indiferencia generalizada y que resultarían más apropiados en un cartel como el Azkena Rock de Vitoria que en un festival Metal como es el Sonisphere. No sé cuánto tiempo descargaron, pero se me hizo bastante largo. El sol seguía ajusticiándonos y mientras unos se cobijaban en la sombra otros pasaban por los túneles de refrigerio, pero todos ingerían líquidos a mansalva.

La cosa empezó a ponerse seria cuando el día empezaba a agonizar. Entonces los franceses afincados en Baiona Gojira estaban citados. Y cumplieron. Creo firmemente que Gojira es una de las bandas más interesantes del Metal más extremo por su singularidad. Practican una especia de Death progresivo repleto de recovecos, curvas, paradas, afluentes y meandros que en directo presentan de manera sublime. Posiblemente os pase como a mí, que en disco se me hacen un poco difíciles. Pero en directo es otra cosa. La columna vertebral es una base rítmica demoledora, como un martillo pilón, con uno de los hermanos Duplantier en la batería y un bajista sensacional llamado Jean Michel Labadie. Su forma de tocar el instrumento es inverosímil, tanto como su headbanging. Hay momentos en los que pienso que se le va a escapar la cabeza.

Musicalmente me parecieron impecables, como cuando les vi en el primer Sonisphere, el que se celebró en Barcelona. Creo que pueden llegar a alcanzar una dimensión superior en el género si su próximo disco vuelve a ser de nivel. Creo que son lo más original que existe en la escena junto con Devildriver. Cuando terminaron con “Vacuity” me quedé con ganas de más, pero satisfecho.



Omitiré cualquier juicio acerca de Sober. No me parecían la banda más apropiada para esa hora ni para ese festival, pero hay que reconocer que tienen éxito, mucho, y que tienen a su público. Curiosamente, me parecen sonar mejor en disco que en directo, pero los gustos son algo tan subjetivo que no hay mucho que hacer cuando algo no funciona. Y lo mío con Sober no funciona.

Buena parte de las fuerzas de muchos asistentes, yo entre ellos, estaba reservada para Arch enemy. A pesar de practicar un Metal muy contundente y extremo, los suecos están acercándose a lo que es una banda de masas gracias a la excelente combinación de los hermanos Amott con la cantante Angela Gossow, que no sólo es un prodigio vocal, sino que se comporta sobre la escena de manera espectacular, desprendiendo un gran magnetismo. La verdad es que no paré quieto y disfruté al máximo temas como “Ravenous” o “Revolution begins”. Hay que ponerle un pero a su actuación, y es que fue demasiado corta, no sé si por razones que competen a la banda o porque el horario del festival ya acumulaba un cierto retraso y eran ellos quienes pagaban los platos rotos. Me quedé con ganas de escuchar una que están descargando en su gira, “Dead eyes see no future” que me parece una canción magistral en la que Angela da todo lo que su voz aporta a la banda. Espero que vengan pronto con su propia gira. Con otros quince minutos se hubieran ido en volandas.

Y llegaba el momento estelar de la noche con Slash. Había pasado poco más de un año desde que nos deslumbró con su actuación en el Azkena Rock, donde estuvo a punto de eclipsar a Kiss, y no esperaba nada sustancialmente distinto, pero he de decir que fue aún mejor. La banda que le acompaña ha acabado por empastar bien, y aunque el segundo guitarra, el bajo y el batería saben que son los secundarios, realizan un aporte muy positivo al resultado final. Tanto cuando hacen los temas de Slash, como cuando atacan alguno de los Velvet Revolver y, por supuesto, cuando tienen que enfrentarse a Guns N’ Roses dan la talla. Es más, diré que lo que hace ahora Slash es lo más parecido a los GN’R auténticos, a pesar de que sea Axl quien se ha quedado con un nombre que va arrastrando por el mundo hasta su laminación total.

Hasta seis canciones de GN’R nos ofreció el chico del sombrero de copa, todos con los riffs clavados, con los solos impecables y esa forma de acariciar y mover la guitarra tan sugerente. Quien acusó a Slash de aburrido seguramente esté sordo o ciego, porque no paró un instante, ya se atreve hasta a hablar con el público a veces y echa unas carreras que no explico cómo no le hacen cometer errores. Abrieron con “Ghost” y tras regalarnos una de Slash’ Snakepit, “Mean bone” fueron ya a caldear el ambiente con “Nightrain”, coreada a saltos por una audiencia sedienta de pistolas y rosas, que luego recibiría “Rocket queen”, “My Michelle” (majestuosa), la siempre emocionante “Civil war”, en la que la guitarra de Slash parece hablar, “Sweet child o’mine”, al término de cuyo solo creo que se me escaparon un par de lágrimas, y una memorable “Paradise city” para mandar a muchos a la tienda a dormir y a los más valientes a ver a los Darkness o a la carpa.

En honor a la verdad, he de confesar que me tiene enganchado Myles Kennedy, el chico que hábilmente les ha robado Slash a todos los demás para que cante en su banda. Myles, líder de los Alterbridge, tiene algo. Por eso se rumoreó que lo querían los Aerosmith de Perry e incluso que era el elegido para una posible vuelta de los Zeppelin si fallaba el remolón de Robert Plant. ¿Qué tiene? Tiene recursos, fuerza, diferentes timbres intercambiables si quiere hacer de Axl, de sí mismo o de Scott Weiland (“Sucker train blues”). Me gusta cómo se mueve y la sensación de que todo está en orden cuando tiene el micro ante la garganta. Creo que si fuera cantante me gustaría ser como él.

Suyo fue el mérito de que “Back from Cali” sonara tan arrebatadora, o que “Promise” me transmitiera en directo lo que no consigue hacer en el Cd a pesar de que la canta nada menos que Chris Cornell. Se fueron aclamados como los vencedores del primer día. Creo que muy poca gente pensaba que Slash era lo suficientemente importante como para encabezar uno de los dos días de cartel. Espero que si alguien ha dicho eso, se haya lavado la boca con lejía.

Y aún faltaban The Darkness, casi a la tres de la madrugada. Un grupo que me cautivó en su día gracias a su Rock pegadizo y vacilón, y por supuesto gracias a los falsetes de ese elemento que es Justin Hawkings. Tienen una propuesta tan particular que tengo la impresión de que no hay término medio, o los amas o los odias. Si tengo que elegir, los amo. Y más desde el viernes. La razón es que veo que ha vuelto un grupo que aún tiene cosas que decir, no porque vayan a aportar nada a la música que no se haya escuchado, pero sí porque el panorama del Hard Rock está suficientemente necesitado de relevos potentes como para que The Darkness tengan su sitio.

Sin embargo, a mi lado, Andoni opinaba que estaba siendo un espectáculo lamentable y que Justin era un bufón que le sacaba de quicio. No tenía muchas fuerzas como para entregarme en las primeras filas, pero sí moví el esqueleto con “One way ticket to hell… And back”, “I believe in a thing called love” o “Friday night”. Creo que en una sala reducida pueden ser la bomba. Me dio buenas impresiones Justin tras sus múltiples excesos, él acapara todo el protagonismo, nos prometió nuevo disco para dentro de poco y yo me dirgí a la carpa a ver quénos pinchaba El Pirata pensando que The Darkness se merecen una segunda oportunidad, y yo se la voy a dar.

Así estaba a punto de cerrarse el primer día. Mañana os cuento algo de lo que me pareció Maiden, Twisted sister o Hammerfall.


domingo, 26 de junio de 2011

Crónica del concierto de Avenged Sevenfold en Madrid el 24 de junio de 2011

Avenged Sevenfold + Vita Imana
Viernes, 24 de junio de 2011
Palacio de Vista Alegre, Madrid
32 euros
Duración: hora y media aprox.
Asistencia: 5000 personas

Llegaba a Madrid como cabeza de cartel una de las bandas con mayor proyección del panorama metalero actual, los estadounidenses Avenged Sevenfold, y allí nos fuimos, a comprobar si todas las vicisitudes que les han rodeado hasta ahora son coincidencias o, por el contrario, cumplen el arquetipo de una gran banda de Rock en ciernes, dispuesta a recoger el testigo que los grandes del metal están a punto de ceder. A7X cuentan ya con cinco discos de estudio, a pesar de su juventud, y un enorme éxito en Estados Unidos, donde el trabajo que nos presentaban, “Nightmare”, entró directamente al número 1.

Normalmente una banda de dimensiones gigantescas suele agrandar su leyenda con otro tipo de sucesos, y en este caso, eso también se cumple. La prematura muerte de su batería The Rev hizo temer por la desaparición del grupo, que sin embargo acabó sorprendiendo a todos al incorporar a Mike Portnoy, quien a su vez abandonaba a Dream Theater. Cuando pasan cosas así, uno ya piensa en serio que estos chicos se quieren comer el mundo y a lo mejor hay que darles una oportunidad.

Lo primero que llama la atención es la diferencia de público con respecto a los últimos conciertos a los que he asistido (Cinderella, Stryper, Down…), aquí la media probablemente no sobrepasase los 22 años. Había gente muy joven, seguramente para muchos su primer gran concierto, y eso convirtió Vista Alegre en una olla con el público entregado desde el minuto 0.

Se coreaba constantemente Sevenfold, hasta que los teloneros, Vita Imana, saltaron a las tablas. No puedo aportar muchos detalles con respecto a ellos dado que desconozco su repertorio y el sonido del que disfrutaron fue especialmente malo. Al menos desde nuestra posición, en el tendido alto, a donde llegaba todo demasiado embarullado. En el foso mejoraba bastante la calidad del audio, como comprobamos más tarde. Eso sí, durante la actuación de Vita ya se vieron algunos pogos concurridos. La banda mostró buena actitud, con saltos y carreras constantes. Por cierto, es novedosa su aportación en la rítmica con un equipo de percusión que complementa al bajo y a la batería. Me pareció que la etapa más tribal de los Cavalera en Sepultura ha tenido que ver algo en la apuesta de estos chicos.



Volvimos a la calma y a escuchar Sevenfold, Sevenfold, durante el descanso, que se amenizó con el “Powerslave” de los Maiden y algunos temas de Motorhead, hasta que se apagaron las luces, a eso de las 22:30. Realmente, la salida a escena de A7X estuvo envuelta en un clamor tan atronador que sentimos estar, realmente, ante una gran banda. De hecho, fue imposible escuchar los primeros acordes de “Nightmare”, el primer single del último disco, ante el griterío de la gente, que alcanzó, como se puede ver en el vídeo, el culmen cuando Shadows salió a escena con su atuendo característico, gorra y gafas de aviador.

Cuidadito con Shadows. Este chico posee cualidades. Domina varios registros: la tralla, las transiciones, los medios tiempos, es capaz de hacer variaciones en el timbre que modifican la voz complemente de una canción a otra, y el tono es semejante durante todo el concierto. No es que se explaye demasiado con el público, pero lidera la situación constantemente. Me pareció lo mejor, junto con el batería. El resto del grupo estuvo correcto. Sin fallos. Sin destacar.

Hacía tiempo que no asistía a un concierto en el que la gente se supiera las canciones de principio a fin. Y no hablo de los himnos, pues este grupo ya tiene seis o siete nada menos, sino a cualquier canción del repertorio. Esto no pasa habitualmente en los conciertos. Si fue una noche entretenida, lo fue también por el público. Aunque habrá que decir que los pgos, en algunos casos, parecían de juguete. Más surrealista si cabe era el hecho de que hubiera gente de seguridad vigilándolos desde el perímetro, sin entrar en ningún momento, o que vigilantes de seguridad pasearan entre el respetable para vigilar si se fumaba. A uno que yo sé no le pillaron, aunque estuvieron a punto.

Critical acclaim” supuso la transición hacia esa delicia que es “Welcome to the family”, una trallazo diseñado para saltar de principio a fin, justo antes del cual nos dio la bienvenida a la familia A7X. Allí estaba la masa, para seguir con sus botes el ritmo de los riffs. “Almost easy” y “Buried alive” me demostraron que son capaces de mantener un tono alto durante la primera media hora de concierto.

En este tema tuve que escuhar el comentario del típico analista que se te sienta al lado en los conciertos: "esta parte se parece al "Orion" de Metallica". Honoris Causa del Heavy, el chico.

En ese momento se para, Shadows se acuerda de Sullivan The Rev, y le dedican “So far away”, que es un tema entrañable, pero que muchos aprovecharon para repostar, evacuar, y en nuestro caso, colarnos en el foso.



Porque luego viene el que es, a mi juicio, la mejor composición de su repertorio: “Afterlife”, que sonó tan bien como en el disco. Homenajearon a sus influencias más cañeras con “God hates us”, donde la camiseta de Pantera que lucía Shadows cobraba más sentido. Preguntó cuántos estábamos viéndoles por primera vez, y casi todo el mundo levantó la mano. “A little piece of heaven” fue el contrapunto que demuestra que también pueden ponerse sensiblotes y contentar a la gran parte de su público que son féminas. Había muchísimas chicas. Defendemos la igual en el Metal también.



Bat country” cerró la primera parte, retomada con “Unholy confessions”, con esa parte de prolongación dedicada a los circle pits. Bastante inofensivos, insisto. Y la fiesta terminó con “Save me”, que es un tema de 10 minutos que no debería cerrar un show.



Quizás no fue el concierto de nuestras vidas, pero creo que vimos a una banda que, si sabe mantener este nivel, y sostener una evolución lógica, está muy cerca de la cima. Y no hablo de una cima efímera, como las de Korn o este tipo de grupos que gustan 8 años y luego se diluyen. Hablamos de una cima de pervivencia, como los grandes. Los realmente grandes. En sus manos está. A la gente ya se la han ganado.

lunes, 13 de junio de 2011

Vídeos del concierto de Cinderella en Barakaldo

Estos son los primeros vídeos del concierto de Cinderella en la sala Rock Star Live de Barakaldo este pasado sábado 11 de junio