martes, 23 de agosto de 2011

Crítica de "Between the devil & the red blue sea" de Black Stone Cherry 8/10

Está claro que esto no son los años 80, y que el buen Hard Rock no ha atravesado un momento tan dulce como aquel desde entonces, así que cuando aparece en escena una banda que aplica esa receta con maestría los seguidores del género no podemos más que rendirnos y dejarnos llevar por sus ritmos. Black Stone Cherry, un joven combo de Edmonton (Kentucky, Estados Unidos) es uno de esos grupos que parecen ir contra la historia y contra la dirección mayoritaria del Rock N' Roll. Con su tercera publicación insisten en un Hard Rock melódico con toques sureños y profundamente yankees para reivindicar un estilo que, aunque no lo parezca, sigue teniendo muchísimos seguidores.

En su país son bastante conocidos, y aunque no se han trabajado convenientemente Europa, sí han dado muestras de su hacer en festivales como el Download. Creo que en España sólo se han dejado ver por el Metalway y poco más. Si les conoces, esta nueva entrega es más y mejor de lo mismo. Y si no, ya va siendo hora de que les des una oportunidad. Este tercer disco quizás destaque por un tono un tanto más potente en el conjunto, hay más temas duros que en sus dos anteriores trabajos, lo que obliga a reforzar voces, guitarras e incluso la batería, que hasta ahora pasaba bastante desapercibida en la música de Black Stone Cherry.

Sus letras tienen un sabor a familia, amor, amigos y diversión que ya han ensayado con anterioridad y que le dan un cariz realmente emotivo a su música, como el medio tiempo "Won't let go" o la bellísima balada final "All I'm dreaming of" ("Todos mis sueños son buenos tiempos, buenos amigos y alguien a quien amar, sin miedos, sin lágrimas/ Todo lo que sueño es una casa en la colina y alguien a quien amar, lo que sueño es que brille el sol y cielos azules ahí arriba"). He de confesar que estos chicos tienen la tecla mágica de la emoción entre sus virtudes, y que hay canciones que consiguen estremecer, como ya hicieron con otras composiciones como "Things my father said" o "Hell and high water"



Los pilares de la banda son la voz del cantante y guitarrista Chris Robertson, con un timbre sumamente peculiar y reconocible, que domina bastante bien ya sean canciones duras y rápidas, medios tiempos o baladas, que de todo hay, y unas guitarras poderosas que por momentos se acercan al Metal sin complejos, y en otras ocasiones parecen seguir la senda de Lynyrd Skynyrd.



Las dos primeras, "White trash millionaire" y "Killing floor" son dos temas cañeros que ya apuntan la dirección del trabajo y que ya te hacen pensar que no te has equivocado con ellos. "Blame it on the boom boom", "Change" y "Let me see you shake" son de lo más duro de un álbum que luego exprime el Rock más americano en "Like I roll", con esas referencias a viejas guitarras, a los Rolling Stones sonando en la radio y al sol de California. ¿A que os suena todo eso? En total son 12 nuevas canciones más 3 extras ("Staring at the mirror", "Fade away" y "Die for you").



"Between the devil & the red blue sea" es una buenísima continuación a "Folklore & superstition" y "Black stone cherry", y en él se puede apreciar el talento de estos jóvenes que además se caracterizan también por una constancia en el trabajo que seguramente les llevarán a derribar cada vez más barreras, sin olvidar que cuentan desde el principio con la cobertura de Roadrunner records, algo que no todos pueden decir. Grupos así mantienen vivo al Hard Rock clásico.

domingo, 21 de agosto de 2011

Crítica de "Sounds of a playground fading" de In flames 7'5/10

La caverna del Metal vuelve a actuar, y esta vez dirige sus iras contra los suecos In flames. Inexplicablemente, sigue existiendo gente incapaz de entender las evoluciones naturales de aquellas bandas que se niegan a ser como AC/DC, es decir, a hacer el mismo disco una y otra vez, década tras década. Los mismos discos, los mismos repertorios, las mismas poses. In flames comenzaron haciendo esa aparente contradicción que es la etiqueta "Death melódico". Si es Death, no puede ser melódico. Desde entonces, fueron creciendo y ancheando sus propuestas sonoras hasta llegar aquí.

Me encantó "A sense of purpose", su anterior entrega, y no tenía unas expectativas tan altas para este "Sounds of a playground fading". Me ha sorprendido para bien, a pesar de la carga de negatividad que he leído en prensa especializada, foros y webs varias contra este trabajo. Me parece un gran disco, que corona una trayectoria llena de vericuetos, idas y venidas, siempre atrevidas y musicalmente atractivas.



Un ejemplo: en la Kerrang! número 213 el vocalista Anders Friden se queda atónito al escuchar la primera invectiva del periodista que le interroga: "Enhorabuena, ya sois los nuevos Metallica". Por favor, Metallica erraron de cabo a rabo en su intento de evolución, Fracasaron estrepitosamente con tres discos a cual peor: "Load", "Reload" y "St Anger". Comparar eso a los cambios musicales de In flames es muy desacertado. Una cosa es reblandecer el sonido y otra muy distinta es hacer malas canciones. ¿Tienen que cada hacer un "Colony" cada dos años? No lo creo, y además aplaudo que no lo hagan. "Sounds of a playground fading" ha sido número 1 en Alemania, pero aquí los críticos de las webs metaleras más leídas le han dado un 4 sobre 10.

Para comenzar, diremos que falta el guitarrista y miembro fundador Jesper Stromblad, que se ha recluido oara tratar de superar su adicción al alcohol. Él era pieza clave en las composiciones, que ahora han recaído en el propio Anders Friden, quien se ha cortado las rastas para alimentar las suspicacias de los más intransigentes, y en Bjorn Gelotte, el otro guitarra. El resultado es un disco de Metal que abraza el Metalcore sin complejos, con melodías pegadizas, lógico si se observan las direcciones que habían tomado los anteriores trabajos.

Además, hay bastantes detalles que enriquecen y engrandecen el sonido de los de Goteborg: orquestaciones en el tramo central de "A new dawn", coqueteos con Linkin Park en "Jester's door", timbres de Friden desconocidos hasta ahora en "Ropes", intros en los temas de ciertos toques progresivos, teclados apoyando las canciones... Muchos detalles que no cabían en los In flames originarios y que ahora pintan un cuadro musical verdaderamente admirable.

Todos los prejuicios que me pudieron introducir las lecturas antes mencionadas se desvanecen al poner el Cd y escuchar el tema que le da título al trabajo. Un riff poderoso, atractivo, que entra después de una breve intro calmada. Ese riff enseguida queda a merced de la poderosa voz de Anders. La primera grata impresión se traslada al segundo tema, el primer single, que gana mucho en el contexto global del disco. Es cierto que puede sonar flojo al escucharlo de manera aislada, pero "Deliver us" es un gran tema. Pero es que hay muchos: "Fear is the weakness", "A new dawn", "Darker times"... Hay mucha calidad, como siempre en In flames.



En cuanto al ambiente que lo rodea, muchos títulos son pesimistas, incluso trágicos, como en "Fear is the weakness", "Darker times", "Ropes" o "Enter tragedy", sin embargo, el final rezuma positivismo con dos canciones como "A new dawn" y "Liberation".



El tono vocal es Friden es aún muy agresivo, pero sus registros son muy variados, lo que le hace crecer como cantante. No se puede decir que las bases rítmicas sean virtuosas, o que las guitarras estremezcan, pero disparan riffs y melodías potentes, y con eso basta. Sí han podido perder un punto de velocidad, pero para nada de fiereza como se comprueba en "The puzzle" o "Enter tragedy".



Hay muy pocos grupos que puedan decir que sus discos son pasoa adelante cuando las propuestas sonoras evoluciona, cambian. In flames son uno de esos grupos. Escucha el disco abstrayéndote de todo lo demás, piensa que es un disco más de una banda desconocida, sin pensar en lo de antes si eso es lo que temes. Y entonces te gustará. Si te gusta el Metal te gustará.

viernes, 19 de agosto de 2011

Jugando al poker con Heavy Metal

¿Te gusta el Metal? Lo más probable es que sí si estás leyendo esto. ¿Te gusta jugar al poker? Si es que no, como a mí, a lo mejor te animas tras visitar esta web, que es de lo que más éxito está teniendo en el mundillo metalhead anglosajón. Se llama Metal Poker y su lema es Play louder, o "dale más caña".

El juego consiste en darle a las cartas, con apuestas reales y con la posibilidad de jugar con otros heavies en línea, con Metal de fondo. Incluso la baraja está decorada convenientemente con calaveras y demás simbología metalera. Tan sólo hay que descargarse el software, dado que en la web garantizan confidencialidad y seguridad al máximo, y ponerse a hacer escaleras de color y demás jugadas maestras.



Las instrucciones están bastante bien detalladas (acerca de la mecánica del juego online, no sobre cómo se juega al poker, claro), así que conviene tener unas nociones de inglés lo suficientemente consistentes como para no liarse.

Si sois afortunados, podriais echaros unas partidas con músicos de bandas como Dark Tranquillity, Borknagar, Merrimack, Angelus Apatrida, Sonne Adam, Leprous o Morgoth, que ya están registrados.



También tienen una sección donde se pueden realizar prácticas para superar recelos y solventar las dudas que les pueda surgir a los jugadores. Melenas y cartas, puede ser una mala combinación! Probadlo y ya nos contaréis!

martes, 16 de agosto de 2011

Crónica del concierto de Cinderella en el Irving Plaza de Nueva York el 9 de agosto de 2011



Pues sí, los carteles que anuncian los conciertos también son  como en las pelis!

Tras su paso por Bilbao, Madrid y Barcelona en junio, Metalbitacora recibió la invitación para asistir a uno de los conciertos de Cinderella durante su gira estadounidense, y allá fuimos, a ver su noche en Nueva York. Queríamos comprobar si su leyenda es tan grande allí como creíamos, o como lo fue hace dos décadas, y también si los europeos habíamos recibido una dosis mucho menor de la Cenicienta de la que daban en su país. Recordemos que tocaron una hora y diez justita en Bilbao, dejando fuera algunos clásicos de su discografía.

Nunca había asistido a un concierto en los Estados Unidos, así que lo primero que me sorprendió fue el luminoso que preside la puerta de entrada a un recinto de un tamaño no muy superior a nuestras salas. Más bien discreto, con pinta de teatro, y con un segundo piso sólo apto para los VIP's. Para aburridos, vamos, porque si el público de pista es paradito en los States, los de arriba parecen momias. Pero esa es otra guerra.

El luminoso anunciaba a Cinderella para esa noche de 9 de agosto, calurosa y con muchísima humedad en Manhattan. Fue sencillo llegar al Irving Plaza, pues está al lado de Union Square, apenas a unos metros de la salida del subway, así que al llegar a su entorno pensé que comenzaría a toparme con pelos cardados, olor a laca, mallas bien ajustadas y botas de cowboy. Pero mi gozo en un pozo.

Ni expectación ni frikis ni Metal. Como ya contaré más adelante New York City (NYC) no es la ciudad del Metal. Es la ciudad más espectacular del mundo, pero allí heavies, lo que se dice Trues, más bien poquitos. Así que entramos al Irving pensando que quizás dentro cambiaba la cosa, y nada. El mismo merchandising que en Bilbao y sorprendentemente el mismo número de asistentes, muy pocos pelos largos y escasez de camisetas negras. Las bandas pegadas al pecho iban desde Mayhem hasta los propios Cinderella. No se puede beber en la calle, no se puede fumar dentro, y las latas de Budweiser cuestan cinco o seis euros. Más la dichosa propina, total? Pues como en casa más o menos.

La sala no es muy grande para lo que es NYC, pero su actividad es intensa, incluso durante en agosto que es un mes más bien escasito de conciertos en la Gran Manzana. Pero esa misma semana iban a acoger una descarga brutal con seis bandas extremas, entre ellas Dying Fetus, Six Feet Under, Whitechapel y los cabezas de cartel, unos verdaderos dioses en EEUU, The Black Dahlia Murder. Diría que hubiera preferido esa noche, pero como seguramente lea esto alguien a quien no le gustará que lo diga, pues no lo digo.


Metalbitacora con John Corabi (o es un pirata del Caribe?)

Lo mejor de todo fue que el telonero, John Corabi, salió a escena muy puntual. La gente la acogió con aplausos y calor. Se nota que este chico le cae bien al público hardrockero. Su paso por Motley Crue tuvo más pena que gloria, pero lo cierto es que hay gente que nace con estrella y otra nace estrellada. Y el pobre Corabi es de los segundos. Me parece el Ripper Owens del Hard Rock: todos le admiran, tuvo su oportunidad en una gran banda, pero nunca le acabaron de salir las cosas. Vamos, que nunca consiguió tener su grupo. Cuidadito Myles Kennedy a ver si no te ocurre lo mismo.

John Corabi cogió su acústica y una lata de cerveza y allí subió, a hacer un concierto exclusivamente acústico. Es algo que yo no sabía, y que me dejó un poco frío. Pero la cosa no fue mal. Si bien al principio la propuesta no parecía agradar, la intimidad y el cariño que Corabi iba inyectando a los temas, y sus pequeños discursitos entre canción y canción lograron animar a un respetable que cumplía los clichés del público rockero yanki al 100%.

Corabi, con un look parecido al de Johnny Depp en Piratas del Caribe mostró sus encantos con "Love (I don't need it anymore)" de Union y otras versiones, como "Man in the moon" de The Scream, la emotiva "Father, mother, son" y por supuesto algunas composiciones de los Crue, sobre todo el medley de "Driftaway + Home sweet home" que todos cantamos al unísono. Cerró con una de los Beatles, "Oh! Darling". Se llevó una buena ovación de quienes estábamos en el foso. Los VIP's parecían figurantes, qué cosa de verdad...



Pensando que es un buen cantante, que no es un compositor desechable, y qué poco acogedor era el público salí a airearme antes de que salieran las estrellas de la noche, que hay que decir que estuvieron muy bien, mucho mejor que en Bilbao. Cinderella transmitieron que aún tienen cosas que decir en este negocio, y que si son capaces de componer un puñado de buenas canciones, su nuevo disco puede ser una sensación. La noche de la Rock Star en Barakaldo todos salimos contentos: habíamos visto a una banda que muchos pensábamos que jamás veríamos en directo, habíamos rememorado grandes clásicos, pero nos quedamos con la miel en los labios por su corta duración (hora y diez) y porque la voz de Tom Keifer nos pareció muy justita, sobre todo al principio. Pasados los temas entró en calor y se despejaron los fantasmas, pero nos temimos lo peor.

Sin embargo, en NYC vimos que la gira les había hecho muy bien. Dos meses más han devuelto a Keifer el estado vocal de antaño, ha adelgazado unos cuantos kilos y se mueve mucho más de lo que lo hizo aquí. De hecho, él se encargaba cada rato de animar a un público realmente apático. ¿Esta gente vive así al Rock N' Roll? Pero si no dan un paso ni una palma! Chavalería, que estas canciones son joyas de nuestra juventud! Bueno, ellos mismos. Desde el principio hasta el fin, bailamos al ritmo de Cinderella, que ejecutaron sin fallos, con una buena coordinación entre ellos y con el liderazgo de Keifer y del altísimo Jeff LaBar a la guitarra. Incluso ambos llegaron a batirse en duelos de guitarra y hasta en duelos de guitarras de doble mástil. Cómo nos siguen gustando esas macarradas.

El setlist fue prácticamente clavado al nuestro, con esa fría apertura que es "Once around the ride", para luego ir a "Shake me". El telón que les presenta como 25 años de Rock N' Roll americano presidía una sobria escena, con un juego de luces que aportaba mucho (cuánto hay que aprender aún por aquí en detalles como ese!), y en todo momento Keifer dirigiendo la orquesta.

Cuando uno ve varios conciertos de este grupo comprueba por qué siempre les han faltado un par de pasos para llegar a lo más alto: falta un poco de energía, algo de actitud y sobre todo más sacrificio. Pero están ahí porque tienen temas buenísimos, mucho mejores que otros de su quinta. Gracias a esas canciones han sobrevivido. "Heartbreak station" es una brillantísima composición que en Bilbao todos cantamos a una, entonces casi me cabreo al ver tanta frialdad entre quienes me rodean. Enlazan con "Somebody save me", que es mi favorita y aquello promete ser una gran noche en la que sólo se ausentará el público. Así es.



"Coming home", "Nobody's fool", que es para desgarrarse la garganta a gritos, y "Gypsy road" son algunas de las que nos dirigen hacia la segunda parte del show, los bises. Curiosamente, y a pesar de que han pagado entre 41 y 50 dólares por entrar, los asistentes ni siquiera se molestan en pedir que salgan otra vez. Bueno, algo de razón tendrán porque saben que de un modo u otro saldrán, pero vamos, algún gritito, así, aunque se os escape... O no?





"Long cold winter" supone uno de esos duelos guitarreros entre Kiefer y LaBar, en plan blues, antes de que, esta vez sí, todo el mundo se ponga a bailar con el que fuera su gran hit: "Shelter me". Thank you New York, y a casa. Cinderella estuvieron soberbios -entendámonos, para lo que son ellos en directo- y el público neoyorkino estuvo en lo que dicen que es su línea: parado, apático y poco comunicativo. El cóctel no es muy sugerente, pero sirvió para que comprobáramos que Cinderella se van recuperando, y que pueden tener cuerda para rato. ¿Grabarán nuevo disco de una vez?


domingo, 14 de agosto de 2011

Crónica del concierto de Europe en el Festival Brincadeira (Ordes, A Coruña) el 13 de agosto de 2011

Festival Brincadeira

Ordes, A Coruña, Galiza
Sábado, 13 de agosto de 2011
Entrada: 20 euros (25 en taquilla). Otros grupos que actuaron ese día: Manolo Kabezabolo, Boikot, Habeas Corpus, Burning o Locomía

En la avalancha de festivales veraniegos que tenemos en la Península, despuntaba en Galicia este Festival Brincadeira por su concepción y por su cartel. Un cartel extremadamente variado, y que presentaba a leyendas del Rock en español como Rosendo u Obús, a personajes inclasificables como Manolo Kabezabolo, clásicos como Burning, y exotismos como Locomía, además de una variada selección de la producción propia galega, incluyendo a bandas que van desde el Rock hasta el Hip Hop, y entre las cuales destacaría a los brillantes Dios que te Crew o a Dakidarría.

Pero para nosotros el reclamo era Europe, en su penúltimo concierto de la gira veraniega (el último, según contó Joey Tempest será en Oslo, Noruega) antes de entrar al estudio en octubre para grabar un nuevo disco, del que por cierto nos presentaron un tema titulado "Doghouse". Así que allá fuimos, a verles por quinta vez desde su retorno en 2003. Europe será una de las bandas que más veces he visto desde entonces, junto con Maiden, Metallica y otras españolas como Hamlet o Los Suaves, y si les he visto tanto es, simplemente, porque siempre cumplen. No conozco a nadie que haya probado el directo de Europe y que haya salido insatisfecho. Conozco a muchos que fueron a verles llenos de prejuicios y salieron encantados. Europe es un grupazo. (Sala Rock Star 2008, Kobetasonik 2008)


Desde la base rítmica, con Ian Haugland castigando la batería y John Leven casi hierático al bajo, yendo a los coros y teclados de Mic Micaeli, pasando por ese guitar hero que es John Norum, hasta el siempre sonriente Joey Tempest, con un prodigioso estado vocal, Europe ofrecen calidad y carisma a un público que acaba siempre rendido y no sólo por los clásicos de los '80, cada vez más ignorados en sus repertorios, que se basan en un altísimo porcentaje en temas de esta nueva etapa, más rockeros, menos comerciales e incluso mucho más complejos compositivamente hablando.

Pocos minutos después de la una y media, y ante un público muy variopinto donde dominaban los metaleros y los curiosos desinformados que esperaban ver a un grupo decrépito del que sólo conocían "The final countdown" y "Carrie", los suecos salieron a Ordes (Qué será los próximo? Van Halen en Abaltzisketa?) como siempre a darlo todo, con la intro de "Last look at eden" que fue su primera canción. Es la que abre su último disco de estudio hasta la fecha y con su ritmo sinuoso Tempest comenzó a jugar con el pie de micro y a sonreír hacia nosotros, y ya desde ese momento pudimos ver a Norum un poco más empático que de costumbre. Sin llegar a echarse carreras por la escena, esta vez el normalmente seriote guitarrista interactuó un poco más de lo habitual.

Rápidamente lanzaron otro tema de la nueva etapa, uno de los más heavies, "The beast", y aunque había bastante desconocimiento, como es normal ante un público tan diverso, la respuesta fue unánime: aplausos y puños en alto. Claro que Europe sintió el calor del público a la tercera, un "Superstitious" que siempre es acogido con entusiasmo, y que es una canción que nunca falta en sus repertorios. Y que además siempre va en tercer lugar. Hubo tiempo para volver más atrás en el tiempo y recuperar la cañera "Scream of anger", ahora que han aparcado "Wings of tomorrow", "Stormwind" o "Seven doors hotel", que eran las habituales hasta 2010.

Y para dejar claro que aquello era un concierto de Hard Rock, seguir repasando toda su discografía, se fueron a lanzar un "Let the good times Rock", que precedió a la inevitable "Carrie". Esta vez tocaron la versión original, sin parte acústica como han hecho otras veces: piano, estribillo y solo de Norum. El público hizo el resto. Para entonces Tempest había dado ya un recital de cómo ha de ser el frontman de una banda de Rock: profesional, sin hacerse el malote rompiendo habitaciones de hotel, cuidando su voz, con un buen abanico de bailes y poses y sobre todo transmitiendo sonrisas y complicidad hacia un público que paga para eso. Por cierto, sólo 20 euros, la mitad de lo que habría que pagar por verles en una sala.



"No stone unturned", del último disco, abrió paso al corto pero excelente solo de John Norum, quien mostró un nuevo juego de guitarras esa noche, entre ellas una Gibson y una Flying que me hizo pensar si no se estará haciendo del todo con las riendas del grupo para endurecer su sonido aún más. Otra cosa que hay que agradecer de Europe es que siempre varían su setlist. No esperaba "Seventh sign", un tema que muy pocos conocíamos allí, y que abrió una fase intermedia del concierto más pausada, no porque fuera menos cañera, sino porque la gente observaba ante sí a una banda completamente diferente de la que muchos esperaban, una banda madura, con una oferta musical muy diferente de la que tenían entre 1985 y 1990, y absolutamente empastada y unida.


"The getaway plan" me parece una de las canciones en las que Tempest está más juguetón, quizás por los wua-wuas del estrubillo. El cantante tocó la guitarra en varios temas, en la bella "New love in town" la acústica, y después otro solo, este divertidísimo, de Haugland a la batería. Con la sintonía del Séptimo de Caballería, Haugland castigó los parches y arrancó los aplausos del público, que se lo estaba pasando en grande. El batería estaba de cumpleaños, y antes de los bises sopló las velas y descorchó una botella de champán como podéis ver en uno de los vídeos. "The one and the only" como lo definió Tempest. La verdad es que es muy carismático este chico.

Y a partir de ahí, la traca final, un derroche de Hard Rock que se convirtió en toda una celebración tanto arriba como abajo del escenario. "Love is not the enemy" fue la transición hacia un tema que nunca había escuchado en sus directos, era una de mis espinitas, esa joya del AOR llamada "More than meets the eye", una pieza exquisita que disfruté de lo lindo y que me dejó muy poco oxígeno para los dos cañonazos que nos lanzaron después: la espectacular "Cherokee" y la emocionante "Rock the night", ambas cantadas al unísono por banda y respetable. Uno se para a pensar y se da cuenta de la cantidad de temazos que tiene Europe en toda su discografía.


Los oes fueron inevitables en la pausa previa a los bises, que sólo fueron dos, pero de muchos kilates. El primero de ellos, el tema nuevo del que os hablaba: "Doghouse", adelando de su próximo disco que parece consolidar una tendencia hardrockera muy interesante y altamente creativa, y que debe servir para llevarles de nuevo a las más altas cotas de éxito porque, sinceramente, se lo han vuelto a ganar. El final fue el inevitable: esa gran comunión que se da cuando Micaeli empieza a entonar con sus teclados a perfilar "The final countdown". Tempest nos instaba a saltar pero no hacía falta porque siempre, cuando acaban sus shows, aquello es el delirio.

Una vez más me río de quienes nos intentan enseñar el camino del Metal con esos grupillos cuyos cantantes instan a hacer círculos y a batirnos a empujones y a codazos con propuestas musicales tan pobres como la economía de Grecia, despreciando a bandas monumentales como Europe. Esto es Rock duro; se trata de pasarlo bien y de hacer buena música, nada más, y ellos siempre cumplen. Tú te lo pierdes, machote.


Setlist
Intro + Last look at eden
The beast
Superstitious
Scream of anger
Let the good times rock
Carrie
Solo Micaeli
No stone unturned
Solo Norum
Seventh sign
The getaway plan
New love in town
Solo Haugland
Love is not the enemy
More than meets the eye
Cherokee
Rock the night
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----------------------------------
Doghouse (new song 2011)
The final countdown


martes, 19 de julio de 2011

Crónica del Sonisphere de Getafe 2011 (segunda parte)


La segunda jornada del Sonisphere de Getafe 2011 empezó tal y como temíamos, con un calor insoportable a las tres de la tarde. Hasta entonces no se abrió el recinto, con lo que formó una cola considerable, que hubo que sortear como buenamente pudimos para poder ver a los suecos Hammerfall, que salían sólo 20 minutos después de la apertura de puertas. Como siempre, hubo alguna anécdota con los encargados de la seguridad. A mí me requisaron la crema solar, tan necesaria con ese sol implacable, porque según el vigilante “si le pones fuego se convierte en un cóctel molotov”. Eso sí, pude pasar con mi triple cadenón, con el que le podía haber abierto la cabeza a él y a sus compañeros. Así que sin protección solar y un poco de cabreo me dispuse a bajar al foso.

El deterioro del terreno tras una jornada de festival era evidente, y todo se agravó con una ventolera fortísima que empezó a la levantarse al poco tiempo. La polvareda era insoportable, y las mascarillas fueron necesarias para mucha gente, supongo que asmáticos, enfermos crónicos y alérgicos, que debieron sufrir de lo lindo. No entiendo cómo estos guerreros del Power, con una trayectoria tan rotunda aunque algo venidos a menos con sus últimos trabajos, pudieron ser situados a las tres de la tarde y con sólo media hora de tiempo. Fuimos muchos los que nos situamos en las primeras filas para escuchar una descarga muy digna. Creo que hay que reconocerles el mérito de trabajarse un concierto muy potente a pesar de que todos los elementos estaban en contra.

Abrieron con “Any means necessary”, de su penúltimo disco, cuyo estribillo es tan pegadizo que la gente, a pesar de la deshidratación y el calor, se puso a saltar al unísono. Arrancaron la moto casi sin pausa para ofrecernos “Renegade”, y volví a preguntarme quién habrá sido la luminaria que decidió que Apocalyptica debían tocar más tiempo que Hammerfall. “Blood bound” cayó con un arranque más tranquilo y semiacústico, y a partir de ahí ofrecieron un par de temas nuevos, entre ellos uno dedicado a la pasión metalera titulado “Bang your head”. En la traca final cayeron “Hammerfall” y “Let the hammer fall”. Creo que hay que reconocer a Joacim Cans y los suyos la entrega, a pesar de que considero que desde la entrada de Pontus Norgren a la guitarra han perdido algo de pegada. Quizá sea una sensación personal, pero me parece que ese chico no disfruta con lo que hace, y que son Cans y Dronjak quienes siguen tirando del carro. Si hubieran tocado a media tarde y hubieran dispuesto de media hora más, se iban en medio de un clamor. Eso sí, prometieron volver en noviembre, y ya se ha confirmado que el 10 de diciembre tocarán en Bilbao. Y allí estaremos, claro.



Las barras empezaron a colapsarse poco a poco, y la combinación de solana y viento amenazaba con convertirse en letal. En algún momento llegué a pensar que nos íbamos a morir todos antes de escuchar el primer saludo de Bruce Dickinson. Afortunadamente, el desacierto a la hora de seleccionar y situar a las bandas en orden se convirtió en nuestro aliado. La tarde seguía con Mastodon, Apocalyptica y Dream Theater, así que la mayor parte de la gente combinó la búsqueda de una posición adecuada para ver a Maiden con la visita a las barras y la búsqueda de las insuficientes sombras que nos dispusieron.

No puedo aportar gran cosa sobre Mastodon, no es una banda que me interese demasiado. Reconozco su sonido potente y original, pero su directo me parece complejo, difícil y por momentos cargante. Eso sí, hay que destacar el buen audio del que disfrutaron casi todos los grupos durante el festival. Con alguna salvedad y puntuales errores, en general pudimos escuchar con nitidez tanto el viernes como el sábado.

La espera entre grupo y grupo empezó a alargarse en exceso, y tras Mastodon era el turno de Apocalyptica. No entiendo la querencia de los promotores por este grupo para situarles en todos y cada uno de los festivales españoles. Su propuesta es atrevida, virtuosa, distinta. Pero lo es sólo durante un rato. Tienen que tirar siempre de Metallica y Sepultura para motivar a un personal que en su gran mayoría les han visto ya varias veces, y eso reduce un poco el interés. Aún así, los más incondicionales les ayudaron a cantar. Lo único interesante fue la aparición de un vocalista para ayudarles en varias piezas, entre ellas la gran “I’m not Jesus”, que sin duda es su mejor tema, cantado originalmente por el gran Corey Taylor.

Poco a poco se acercaba el momento de la verdad, y volví a sorprenderme con la capacidad de arrastre de Dream theater. Presentaban a su nuevo batería, Mike Mangini, que tiene una difícil papeleta, la de sustituir a Portnoy, y existía cierta expectación por conocer su destreza. Sí, son musicazos, pero en un festival no suele encajar un grupo que toca para músicos que, en mi opinión, es lo que hacen DT. Tocan de tal manera que el espectador sólo ve lo bien que ejecutan las notas. No hay feeling, no hay conexión con el público, no hay feedback. Sólo te plantas allí y admiras su calidad. Creo que era la tercera banda consecutiva que generaba una cierta desafección hacia el escenario.

Y es que claro, todos esperábamos lo que esprábamos. Queríamos Maiden, nuestra dosis anual. Creo que debería estar regulado por ley un concierto al año del grupo de Heavy Metal más querido de la historia. Aún con el día sonó el “Doctor, doctor” y la sangre empezó a bombear desde nuestros corazones deseando asistir a la espectacular salida a la escena que ofrecen cada noche, como la banda más profesional del género que son. Nunca fallan, lo dan todo y respetan como nadie a los fans. Y sólo por eso merecen nuestro agradecimiento, al margen de que nos gusten más o menos los temas que seleccionan en el repertorio.

Tras los UFO, empezó la larga y tediosa intro que encabeza el “The final frontier” que nos venían a presentar. Un número 1 en 22 países que, sin embargo, nos ha dejado fríos. Esa es la verdad. Pudimos observar un despliegue escénico espectacular, con la batería de Nicko en medio, impresionante, y la disposición en dos alturas para que Bruce pueda moverse a su antojo. Acabó la intro de cuatro minutos y medio y ahí salieron, en tromba, para atacar con “The final frontier”, que es una canción que me engancha, de lo poco del disco que me engancha. Y la disfruté, pero enseguida me percaté de que la mayoría estaba allí, como casi siempre, por “The trooper”, “The number of the beast” y otras tantas que no iban a tocar esa noche. La primera se fundió con “El Dorado”, con el bajo de Harris cabalgando sobre todos los demás.

Hay otro detalle que empieza a ser más que un detalle, y es la poca presencia del gran Adrian Smith en una banda de tres guitarristas. Janick Gers hace demasiados solos para lo que puede ofrecer, que es mucho, pero no es tan brillante con Adrian, y yo le echo más de menos. El grupo lo estaba dando todo, y el público no, así que me empecé a defraudar un poco porque sabía que iba a faltar magia, y la verdad es que faltó. Así que no tardaron en ofrecernos “2 minutes to midnight”, y entonces sí que despertó el personal. Puños arriba y coros al unísino. Más nos valía, antes ya había preguntado Bruce si en Madrid no había “cojones”, al ver el apalanque generalizado. Los había, pero no eran muy grandes, Bruce.

La primera parte del show osciló entre temas del último disco y clásicos, lo que hacía que el calor que se obtenía en un instante se enfriara al siguiente. Eso hizo “The talisman”, que tiene una parte vibrante, pero que se pierde en oscilaciones rítmicas que rayan el tedio. Tanto que una canción tan buena como “Coming home” es recibida de nuevo con algo parecido al pasotismo. Y eso que los más incondicionales de las primeras filas lo coreaban todo. Cada día hay más diferencia entre el público español y el latinoamericano. Y eso es una lástima. Si el respetable no se entrega, no suele recibir algo especial, aunque Maiden seguían a lo suyo. Bruce sin parar, carrera va carrera viene, Nicko clavando todas y cada una de las notas, Harris apuntando con su bajo, Gers bufoneando y Adrian en un segundo plano, como siempre, pero haciendo que todo fluya.



Dance of death” continuó con la apatía generalizada, aunque yo la gocé, porque su parte más rápida me parece estupenda, pero allí se querían más clásicos, y “The trooper” satisfizo los deseos. Zamarra roja de soldado para Bruce, bandera y numerito típico. Está muy visto, pero nos da igual. Empalmaron con uno de los mejores temas de la última etapa, “The wicker man”, un clásico, con esa guitarra magnética que se te mete dentro y te obliga a saltar, ese estribillo de puños arriba y ese tramo final de “oh, oh, oh” para dejarse las cuerdas vocales. Memorable. Sin duda, fue el mejor tramo del concierto salvo la traca final, porque después cayó ese medio tiempo dedicado al sentimiento metalero, a quienes conformamos la familia Maiden, ya seamos basques, como dijo Bruce al ver una ikurriña (San Sebastián? Preguntó), Chile, Noruega, Paraguay y no sé cuántos países más estaban allí presentes. El año pasado se la dedicaban a Dio, esta vez a todos los heavies.

Todo se volvió a frenar con “When the wild wind blows”, a mi juicio el mejor tema de su último disco, una verdadera joya equiparable a “Alexander the Great”. Ya lo vi, soy de los pocos que me la sé de pe a pa. Lástima, os perdéis una gran canción. Y a partir de ahí todo fue hacia arriba pero yo me fui enfriando.

The evil that men do” la he visto varias veces, “Fear of the dark” también, aunque es impresionante la comunión que se da entre banda y público, es una canción mágica, emocionante, nos fundimos todos a una y a Bruce casi no se le oye aunque canta como los ángeles. Qué portento. Y luego va Eddie (qué feo es el Eddie de esta última etapa!) y llega “Iron maiden” para desatar el delirio y conducirnos al único parón.

Una pausa de apenas un minuto para que “The number of the beast” ponga aquello patas arriba, ya con la noche cerrada sobre nuestras cabezas y la pena porque aquello empieza a acabarse. No sin antes vaciarnos con “Hallowed be thy name”, probablemente una de las cinco mejores canciones en la historia del Heavy Metal. Allí siguen, los seis, sonriendo, corriendo, mirándonos a los 40.000 que estamos llevando en volandas un concierto que, a pesar de todo, recordaremos para siempre. “Running free”, presentaciones y despedida. Clamor, abrazos, emociones. Siempre querríamos un “Somewhere back in time”, pero ellos ofrecen cosas nuevas siempre, y eso también hay que agradecerlo.

La masa se dispersa hacia los baños y las barras, casi no hay por donde moverse pero aún queda noche. Una hora después llegaron los que, en mi opinión, fueron los grandes ganadores del Sonisphere: Twisted sister. Qué concierto, qué entrega, qué forma física y vocal mantiene Dee Snider y esta vez sí, qué gran público. Nos acercamos a las primeras filas para ver a un grupo que sólo toca 15 veces al año y que casi siempre escogen España por la legión de fans que tienen. El derroche de simpatía de Twisted fucking sister es tan arrebatadora que no nos paramos de reír.

“The kids are back” y “Stay hungry” ya indicaban que aquello prometía, y vaya si cumplieron. Snider saltó, bailó, corrió, se tiró al suelo y sólo le faltó comerse las tablas. Con “You can’t stop Rock N’ Roll” creí que se desmayaba por la velocidad con la que se movía. Pidió varias veces que se apagaran las luces para ver a la masa entregada. “Beautiful”, dijo, mientras en una de sus parrafadas, el guitarrista nos grabó con su cámara para enseñarlo en su país. Denunció los programas tipo Operación Triunfo, que encumbran a la gente en unas semanas mientras ellos son excluidos de los grandes circuitos a pesar de llevar 30 años dejándose la piel. Y no sólo ellos, citaron a Motorhead, a Kiss y a otros.

We’re not gonna take it” fue impresionante, el vídeo lo dice todo, y se remató con un “huevos con aceite” simpatiquísimo, inolvidable. Casi tanto como el “I wanna rock” que cantamos todos a saltos, y que en su tramo final Dee nos invitó a cantar usando “Rock” o “Fuck”, como quisiéramos. Se fueron para volver con “Come out and play” y “S.M.F.”, y se llevaron nuestro cariño. Espectacular descarga de TS, que están vivos, y que debieran pensar seriamente en grabar nuevo material porque ahí hay cuerda para rato. Sin duda, de lo mejorcito del Sonisphere.





A partir de ahí empezó la desbandada general, aunque aún faltaban los Uriah Heep, que dieron muestra de su talento aunque ya recibieron una respuesta fría, lógica dado el cansancio. Aún así “Easy livin’ “ remachó una buena descarga. A las tres de la madrugada, Lacuna coil pusieron punto final al festival. Tuvieron un sonido horrible, y ellos se quejaron del horario intempestivo que les tocaba pero, la verdad, esta banda no tiene demasiados recursos. Su cantante femenina no es suficiente como para levantar a unos músicos ciertamente limitados, y ese modelo que bebe de Theatre of tragedy y Evanescense a la vez lo veo bastante agotado.

De allí a la carpa, donde Rafa Basa hizo de las suyas, incluyendo una petición de aplausos para la organización, cómo no, que fue recibida con silbidos e indiferencia.

Buen nivel de grupos, malísimo emplazamiento, buen sonido y ambiente inmejorable, ese es mi balance del Sonisphere. Eso sí, volvería ahora mismo. Un festival Heavy es un universo paralelo, es libertad, vivir sin complejos y entre buen rollo. Por eso decía que estoy orgulloso de ser Heavy. Que llegue pronto el próximo.