martes, 23 de junio de 2009

Crónicas del Kobetasonik 2009

JOURNEY

Cuando, sobre las 9 de la noche del viernes, sonó la intro del “Separate ways” de Journey –uno de los poco temas que conocía de ellos- en el escenario 2 algo me hizo sentir que aquello prometía. Rápidamente alcanzamos la cuarta o quinta fila acompañados de un runruneo que indicaba que había ganas entre los asistentes. Poco a poco se irían sumando más. Y tanto que prometió: Journey son, de lejos, los grandes ganadores de un festival en el que ni se les esperaba ni se les había llamado. “¿Qué pintan estos aquí?” Nos preguntábamos al ver el cartel, “entre Trivium y Machine Head”. Pues el show fue, sencillamente, sensacional.


AOR del bueno, con una banda en buenas condiciones a pesar de los años y un cantante que es un fiera. Al chico, filipino él, le descubrieron a través de Youtube en un grupo de homenaje a Journey, y le ficharon. Tiene desparpajo, un chorro de voz potente y un timbre que encaja al 100% con los temas del grupo: los más clásicos y los nuevos. Recorre el escenario sin parar, disfrutando como un niño, y eso se contagia. Casi sin darme cuenta había pillado una sudada de espanto mientras, a mi alrededor, había algún colega que los veía por primera vez aun siendo fan y que no paraba de dar las gracias al cielo.


Al cuarto tema las primeras filas ya estaban más prietas y hacia atrás se iban acercando más y más curiosos. Al final, con “Don’t stop believing” y “Anyway you want it” pocos estaban sin botar. Se llevaron una ovación unánime y, posiblemente, el premio al mejor show. Prometo prestarles mucha más atención porque conmigo –y otros muchos- han ganado un fan.

MÖTLEY CRÜE

La mayor razón de peso para asistir al Kobetasonik de este año estaba en los californianos, que tenían el reto de liderar el cartel del sábado. Nos habían prometido un espectáculo caliente y sexual y lo fue. De hecho, alguno confesaba a mi alrededor estar poniéndose “brutote” cuando se sucedían las imágenes de chicas desnudas o semidesnudas a través de las pantallas gigantes. A pesar de que el movimiento metalero sigue siendo mayoritariamente masculino, el día de los Crüe hubo muchas chicas en el festival. Lo pude comprobar en mi ubicación, donde había una proporción de 50-50. Eso sí, el espectáculo fue mucho más discreto de lo que se nos anunció. Compárese (vía Youtube) con el del Crue Fest yankee y sáquense conclusiones.

Musicalmente, el grupo suena perfecto. Para eso son americanos, grandes estrellas y macarras. Creo que no defraudaron a sus seguidores, a quienes nos regalaron un set repleto de clásicos donde es muy difícil echar de menos temas básicos de su repertorio. Abrieron con “Kickstar my heart” y entonces pudimos ver que no habían venido a hacer experimentos ni espectáculos infumables como el Manson ese. Un juego de luces llamativo, pero de becarios si se compara con el de Kiss del año pasado, daba lustre a un escenario sobre el que estaba un Vince Neil con evidentes muestras de sobrepeso y una voz más que justita.

A los grandes grupos se les perdona casi todo, pero cuando se hacen demasiadas pausas u el solo de guitarra (de Hendrix, por cierto) llega a la tercera canción es que algo no va como debiera. “Wild side”, “Shout at the devil”, “Dr. Feelgood” (con unas doctoras muy bien dotadas en las pantallas mientras sonaba)… Los temas iban cayendo uno a uno con algunas pausas para que los californianos se oxigenaran. El público respondió bien, y dio la impresión de acompañar en todo momento a Neil en los coros. Del último disco tocaron dos canciones, “Saints of Los Angeles” y la sensacional “Motherfucker of the year”. Creo que en su repertorio han medido que con tan pocas visitas a Europa como hacen, basarse en el último trabajo podría ser agresivo.


Live wire” tras un breve solo de Mick Mars y luego “Primal scream” ayudó a que calcinara definitivamente lo que quedaba de las cuerdas vocales. “Looks that kill” fue otro de los temas en los que se pudo ver a Neil corriendo de un lado a otro del escenario y en el que quedó patente que los excesos se pagan. Gustó mucho el vacile con el que presentó una de las más esperadas: nos pidió que levantáramos la mano, que hiciéramos un puño y arrancó la moto. Como estuviera acelerando condujo hacia el primer riff de “Girls, girls, girls”, que es un estribillo que llevo oyendo tantos años que casi no doy crédito de que está sonando en directo ahí delante.

El cansancio del personal creo que influyó en que los “oés” típicos fueran justitos, y quizás eso también influyó en que sólo descargaran un bis más que, además, está horriblemente seleccionado: cerrar un concierto de Mötley Crüe con una balada como “Home sweet home” me parece un error garrafal, pero allá ellos. Tras los saludos y las despedidas el dicharachero Tommy Lee se quedó solo en escena para juguetear con el público, desde donde en más de una ocasión le pidieron que sacara a Pamela Anderson. O no estaba o no hizo caso. Tras eso, unos a Hatebreed y otros a casa. Yo me quedé.


MARILYN MANSON

El día anterior, el reverendo había estado encima del escenario a la hora estrella. Empleo ese eufemismo porque decir que dio un concierto o un show sería demasiado generoso. Fue un verdadero timo lo que hizo este tipo que, además, presenta su nuevo disco como una vuelta energética a los orígenes. Creí desde el principio que otorgarle a este chico el liderazgo de uno de los dos días de un festival como Kobetasonik era un profundo error y el tiempo me ha dado la razón. Manson es un producto de los ’90 que, lo siento por quienes subieron allí a rendirle pleitesía, está agotado. Y si encima va con esos aires de divo decrépito peor. Esta foto y el vídeo de abajo son la mejor muestra de lo que se pudo captar allí

El final, con un chillón “The Beutiful people” fue, simplemente, lamentable. No volverá en mucho tiempo a este país si los promotores aún saben cuidar su dinero.

IN FLAMES

Si a algún grupo tenía ganas de ver era a los suecos. Tanto me gustó su últimos disco que no podía pasar de este año sin verles en escena. Quería comprobar si están llegando a la cumbre de su carrera, y la verdad es que no sé si tienen capacidad para crecer aún más, pero es evidente que son una gran banda hoy por hoy. Que había ganas de In Flames se comprobaba en todo el recinto, donde abundaban las camisetas del grupo de todas las etapas. Aún no era noche cerrada cuando subieron al escenario sin grande alharacas ni explosiones pirotécnicas para empezar a descargar un show de headbanging y metal de gran intensidad.

Su repertorio fue elegido para agasajar a los fans más clásicos, con varios temas de “Clayman”, “Soundtrack to your escape” como la fantástica “Touch of red”y álbumes anteriores. Tardó en caer el primero de “A sense of purpose” y fue “Disconnected“. Sonaron también “Delights and Angers”, “Alias” y “The mirror’s truth”, y en las primeras filas era cuestión de supervivencia mantener el equilibrio. Hubo varias avalanchas que obligaban a prestar atención a los de tu alrededor, además de a la escena.

Creo que va siendo hora de desterrar el mito ese de que los nórdicos son fríos. Los que yo conozco son muy enrollados, y los front man de la mayoría de bandas también. No tendría sentido que Suecia exportara tantas bandas de Metal si fueran unos petardos. Anders Friden llegó a preguntarnos qué temas querían que tocáramos y luego reflexionó sobre el cambio climático al recordar que antes los suecos venían de vacaciones a la Península y que de seguir así acabarán veraneando en Islandia.

La ejecución de los temas me pareció muy correcta y potente, y los músicos dieron una buena muestra de headbanging. Es evidente que las rastas de Friden agitadas son un espectáculo. No me defraudaron en absoluto y tras la retirada previa al bis salí del mogollón porque esperaba que nos regalaran “Take this life”, como así fue tras una presentación de Friden que parecía como que no iba a pasar nada. Vaya si pasó. Botes a tutiplén y aplastamientos masivos de vértebras durante una canción perfecta para poner la guinda.

Un amigo se me quejó después de que no habían tocado las que más le gustan, pero hay que tener en cuenta que a estas alturas In Flames cuenta con tantos discos que es muy difícil contentar a todos al máximo. Matices aparte, a mí me encantaron y no recomendaría a nadie que se perdieran a este grupo en concierto.

No tengo documento videográfico. Desde la tercera fila en la que estaba era imposible grabar. Y además, no me apetecía andar con la cámara.

Tras IN FLAMES fue el turno de DREAM THEATER, a los que no seguí porque nunca me han gustado. Aproveché para cambiarme de ropa tras la monumental sudada que llevaba y rehidratarme con diferentes líquidos porque aún quedaban los Crüe. Justo antes de IN FLAMES aprovechamos para cenar, porque tocaban Lizzy Borden. Habían sido llamados a última hora para sustituir a Thin Lizzy, que causaron baja por una lesión en la espalda de su batería. Quienes llevaban camisetas del grupo no ocultaban cierta decepción.

BUCKCHERRY

A estos californianos les conocía varios temas, aunque siempre han sido el típico grupo al que no encuentras tiempo para profundizar en su obra. Cuando salieron a escena con la BSO de Mission imposible me pareció que venían con desgana, pero nada más lejos de la realidad. El cantante, que tiene unas maneras de moverse y bailar muy singulares, lo dio todo, y uno de sus guitarras, de rasgos asiáticos y con sombrero, se movieron sobre las tablas con desparpajo. Este último parece de dibujos animados, bajito, menudo y con una guitarra que abulta más que él.


Es evidente que un grupo se hace grande cuando triunfa a un lado y a otro del charco, y Buckcherry son grandes en América y casi desconocidos en Europa. Me pregunto por qué si su Hard Rock clásico es universal. Creo que se merecen más porque ni tenían pose de estrellitas, como me pareció a mí al principio ni escatiman esfuerzos. “Next 2 you”, la híper rápido “Rescue me” y hasta una balada (otros que se traen una balada para tocar 40 minutos) como “Sorry” fueron coreadas por decenas de fans que ya iban dando forma a la sobremesa del sábado bajo un sol que latigueaba bien fuerte. “Crazy bitch” cerró el show dejando muy buen sabor de boca.

DRAGONFORCE

Casi sin tiempo para despedirles había que irse al escenario 1 para ver a Dragonforce: la banda del Guitar Hero, del futurismo y la ciencia ficción y de las poses exageradas para según quién descargaban cuando muchos aún tratábamos de sobreponernos a la resaca del viernes. Abrieron con “Heroes of our time” y era evidente que la mayoría no les conocía más que de pasada, porque algunos se quedaron boquiabiertos al ver al teclas, con mechas rosas a juego con los tirantes del pantalón, saltando como un poseso, y a los dos guitarristas corretear mientras se batían en duelo a ver quién hacía el solo más virtuoso y rápido.


Temas de 7 minutos con solos de 3, y diversión al máximo es lo que garantizan estos seis chicos multinacionales que, desgraciadamente, fueron los que peor sonido tuvieron del escenario 1. Los más jóvenes de entre los asistentes al festival alucinaron y los más mayores se preguntaban de dónde habían salido semejantes freakies. No sé si la fórmula Dragonforce tendrá fecha de caducidad o no, pero está claro que llegarán muy lejos si consiguen mantener esa profesionalidad. No se les escapa ni un detalle. Vencieron y convencieron. Se marcharon la clásica "Through the fire and flames"

PAPA ROACH

De nuevo a toda piña al 2 para ver a otros californianos que venían en el pack de los Mötley Crüe. Tía, si pensabas que los Papa Roach son sólo fachada, peinadito y tatuaje te has equivocado. Me alegró comprobar que un grupo que adoro en disco mejora en directo cuando temía todo lo contrario. Saltitos y poses sí, pero también una gran dosis de cordialidad en el trato con el público y mucha energía. Por algo son un gran grupo en EEUU. Pegué unos buenos brincos al son de “Hollywood whore”, “Lifeline”, “Between angels and insects” o la ya mítica “Last resort”, que es la que se sabía todo el mundo. Y la verdad es que cuando quisieron acoplarse al show, aquello se había acabado.
Si llegan a salir de noche y con la peña bien hidratada a base de cebada, arrasan. No deberían tardar en traerles de nuevo con su propia gira. Ha sido una buena oportunidad para confirmar mi ingreso en su club de fans. El sonido, por cierto, muy bueno como casi todos los grupos estadounidenses. ¿Por qué será que casi siempre suenan limpios y nítidos?

SUICIDAL TENDENCIES

El final del viernes, tras el fiasco Manson, lo pusieron Suicidal tendencies, a los que descubrí en mis tiempos de instituto. Recuerdo cómo me impresionaron los discos que cayeron en mis manos y cómo disfrutaba al escuchar una y otra vez “You can’t bring me down”. Desgraciadamente, fueron languideciendo y ahora corrían el riesgo de convertirse en el grupo en el que estuvo Robert Trujillo. De hecho, días antes del festi escuchaba sus temas clásicos y me parecían desfasados. Pero qué pardillo soy.

Llegamos al frontal del escenario con la intro del “You can’t bring me down”, con el que abrieron fuego, y el Mike Muir empezó a corretear de un lado a otro acompañado por una banda que aún viste con ropas de basket y estética hiphopera. Vaya concierto que se sacaron de la manga. Qué gustazo reencontrarse con uno de los grupos de tu vida. Derrocharon energía a raudales y varias veces me vi envuelto un pogos informes (a la una de la madrugada no se le puede pedir a la gente que afine) que me causaron más moratones que una paliza de los de pressing catch. Absolutamente geniales.

Cuando estaba recuperando el aliento, al final del show, flipé en colores al ver cómo Muir pedía gente para llenar el escenario. Allá se subieron 30 chicos y chicas mientras los músicos seguían tocando en una escena totalmente alucinante. Todo se acabó cuando el batería (fijaos en el vídeo), un orondo negro de 150 kilos mínimo, se levantó, tiró los cacharros y nos miró preguntándonos si teníamos algún problema. Como para encararse con él. Honor para ST.


TRIVIUM

Siempre he creído que Trivium son un grupo sobrevalorado. Desde el principio han tenido la suerte de girar con los más grandes y de llenar portadas de revistas cuando sus discos, realmente, eran del montón. Pero hoy se puede decir que Trivium están en disposición de entrar en la primera división. Se les ve maduros y con las ideas claras. Ahora sí creo que saben lo que quieren ser de mayores.


Trívium se metieron en el pódium del viernes gracias a una soberbia descarga de rabia y buen rollo con la gente. Ni se lo tienen creído ni les va la pose de metalero malo. Dan cera hasta que te quedas a gusto. Y realmente nos quedamos a gusto. “Like light to flies”, “Rain” o la poderosísima “Anthem (we are the fire)” (clásico, clásico y clásico) forjaron un set basado en sus primeros discos para disfrute de aquellos que, como yo, era la primera vez que les veíamos. Me han caído bien estos chicos y prometo darles una segunda oportunidad. Otros cuyo show hubiera crecido de contar con un cuartito de hora más y luz artificial. El cierre con “Pull harder on the strings of your martyr” fue todo un puñetazo en los morros. Aplausos para Trivium

MACHINE HEAD

Es difícil explicar cómo un grupo que hace música melódica puede ser capaz de dar un concierto más cañero que otra banda más bruta, pero estas cosas a veces pasan y temía que tras el huracán Journey pudiera aburrirme con Machine Head. Eso no pasó, pero por poco. Mr Rob Flynn se trabajó un buen show con el que demostró por enésima vez que Machine Head son un grupo de directo capaz de pasar como una apisonadora al más pintado aunque, sin embargo, su música sea excesivamente lineal y hasta repetitiva en ocasiones.

Yo no sé por qué, pero no dejé de agitar la cabeza de principio fin y no soy fan declarado. Entre un “Spain” y otro “Spain” (no entiendo qué hacen los asesores de prensa que apenas asesoran a ninguna banda con qué debe y qué no debe decir en según qué sitios) el Flynn y los suyos nos metían verdaderos bloques de hormigón sonoro que entraban como la gloria.

Seguí el show desde media distancia, pero se rumorea que uno de los pogos montados fue de medalla, y hasta el propio Flynn lo comentó. Gran día el viernes con Trivium, Machine Head, Journey y Suicidal Tendencies, además de Crucified Barbara.

CRUCIFIED BARBARA

Apenas a las 15 horas del viernes saltaban a escena, con un pesado sirimiri encima, las suecas Crucified Barbara. Estas chicas han sido un verdadero descubrimiento para mí, y su segundo disco, una delicia del sleazy repleto de actitud motorheadera, me ha alegrado el mes. Estábamos muy pocos en Kobetas a esa hora, y encima nos estábamos amedrentando por el tiempo, que estaba convirtiendo el piso en un verdadero barrizal, pero ahí salieron las tres rubias y la morena vocalista a dar lo que tienen.


Metieron temas de sus dos discos a partes iguales y a pesar de la mala hora se ganaron el favor de los asistentes. “Sex action”, “Killer on his knees” o “Blackened bones” sirvieron para agitar algo un cotarro que estaba muy frío. Aplausos para las chicas y quizás la próxima vez pueda ser más largo y mejor. Tienen madera las suecas y lo que más me enrolla en su actitud macarra.

ANTHRAX

Me hizo una gran ilusión ver a Anthrax. Los escucho desde EGB y verles aparecer por vez primera en directo, como si no hubiera pasado el tiempo fue toda una sensación. Comentaba con un amigo antes del concierto que me da igual quién sea el cantante, porque Anthrax, para bien o para mal, mantienen su identidad a pesar de los cambios de formación, y esa impresión me quedó tras el concierto del sábado. El nuevo cantante es un tipo melenudo, grandote y gritón con el que posiblemente la banda retomará caminos más puramente thrashers, y encajará igualmente en la idiosincrasia del grupo.


Abrieron con “Indians” para goce del personal y en pocos minutos ya estábamos dando vueltas a un txiki-circle que se montó en el lateral izquierdo. “Got the time”, “Antisocial” (qué gozada!), “Madhouse”, “Caught in a mosh” o la melódica “Only” contribuyeron a debilitar mi garganta. Scott Ian parece que se ha quedado anclado en el tiempo, pues sigue como le recordaba y los demás repartieron sonrisas y gestos de complicidad con un público posiblemente menos numeroso que en otros festivales europeos pero igualmente entregado a unas auténticas leyendas.
“I am the law” sirvió de despedida para el nuevo cantante y el conjunto de la banda, a los que esperamos en breve. Seguro que vuelven porque hasta presentaron un tema nuevo.


LIZZY BORDEN

Me fui a cenar y a coger sitio para In Flames. No les conocía y no siempre hay tiempo para verles a todos.

DREAM THEATER

No entiendo su música. Lo he intentado pero no hay manera. En mi cuadrilla, todos los que son músicos alucinaron. Algunos los ponían entre los tres mejores del festival. Yo no puedo opinar porque me los salté por una vuelta por los puestos.

GOJIRA

Tocaron cuando más llovía el viernes y eso sumado a que su música es extremadamente compleja me invitó a verlo en la distancia de un toldo. Me impresionó el salvaje headbanging de los guitarras y el bajista –este desafiando a las leyes de la física- y también la cantidad de fans que saltaron durante el show. Supongo que por algo se habla tanto de ellos.

HOT LEG

Que Dios le conserve el oído al mago que decidió darle una hora de concierto a Mr. Falsetes. Creo que nadie lo fue a ver.

CATHEDRAL

Serán los padres del no sé qué, pero no encajan en un festival. Pueden resultar interesantes en una sala, pero no en un marco como este. Creo que vi tres manos levantadas en total antes de irme a la barra. “Hopkins “(The witchfinder general)” animó el final de un concierto que satisfizo sólo a los más fieles.


CARDE OF FILTH

Estaba haciendo cosas más interesantes mientras tocaba un grupo que hoy por hoy me parece más cómico que otra cosa.

EKON E IDI BIHOTZ

Actúan demasiado por aquí y eran los primeros de ambos días. Lo siento por ellos.

GOD FORBID

Otros que ganan mucho en directo. El cantante es un auténtico bruto. Aunque les seguí desde media distancia (aún era temprano el sábado) me pareció ver que tienen bastantes seguidores. Muy buen sonido y buena puesta en escena. Death metal con toques hardcore, sobre todo en la actitud, muy poderoso.

LAUREN HARRIS

Supongo que alguien importante y con dinero le consiguió una buena banda (no habrá sido su padre?), y al mismo tiempo creo que ella lo pone todo de su parte, pero es joven y tiene años para crecer. No lo hace mal, de hecho alcanza algunos instantes realmente rockeros, pero sólo por su apellido está obligada a demostrar más, porque la mayoría no la toma en serio. Puede ser justo o injusto, pero es real.
Y que conste que yo pienso hacerme con su disco. Sería demasiado bonito si además de guapa y famosa por la cara, la audiencia le diera un cheque en blanco.

HATEBREED

Brutales. Al ser los últimos, sólo les vi desde la lejanía, pero me gustaron mucho. Lo que había oído de ellos me parecía un hardcore demasiado pesado, pero en directo ganan mucho. Estos sí que saludaron al Basque Country –debe de ser por eso del espíritu combativo hardcoriano- e hicieron botar a la peña de principio a fin. “I will be Heard” apabulló las pocas fuerzas que aún quedaban (bueno, no todas, hubo quien anduvo haciendo air guitar por la carpa hasta bien entrada la noche)

En definitiva, a pesar de algunos errores en la confección del cartel, inevitables en un año complejo como este con la crisis y demás, cuando las grandes estrellas prefieren girar solas, creo que el Kobetasonik merece tener un sitio fijo en nuestros calendarios. Con paciencia y esfuerzo su cartel volverá a brillar como lo hizo el año pasado, porque por lo demás es muy difícil encontrarle defectos a esta cita tan singular en nuestro entorno más cercano.

4 comentarios:

txinomandinga dijo...

Impresionante, acabo de empaparmelo todo y casi es como si hubiera ido, gran trabajo, saludos!!

Dani dijo...

Gracias tronko! Me ha llevado un rato escribirlo todo.

nycko dijo...

Por lo general bastante acertado, solo una nota hay grupos mas sacrificables que Lizzy Borden para ir a cenar.

Anónimo dijo...

eres un mierda.mi opinion vale como la tuya,acepta las criticas malas como las buenas,= que tu has opiniado sobre todo.MIERDA PUTA