No es ninguna novedad que DevilDriver son uno de mis grupos favoritos. La máquina de groove californiana se está convirtiendo en uno de los elementos clave de la evolución del New American Metal. Su sexto álbum en poco más de una década confirma su gran capacidad para fabricar grandes éxitos sobre la base de riffs poderosos y la voz de un Dez Fafara convertido en una gran estrella del Metal, por méritos propios.
DevilDriver han logrado un sonido singular, perfectamente reconocible, y son sinónimo de calidad porque sus producciones son, siempre, impecables. Suenan con una claridad envidiable. En el lado negativo sitúo el empeño por rellenar el Cd con demasiados temas que, al final, diluyen la inspiración. Sobran cuatro canciones que, dependiendo de las escuchas, pueden llevarte a la sensación de cierta repetición.
Hay temas que tienen una definición tan brillante que el mayor problema de la banda es ya crónico: su imposibilidad por plasmarlos en directo. Pocos grupos son tan diferentes en disco y en directo. Aún así, "Winter kills" es un faro de referencia para saber lo que es el buen Metal explosivo. De los discos del año.
Probad: "The appetitte", "Ruthless", "Sail" (versión de Awolnation).
La versión Deluxe trae un DVD con un directo en Alemania.
No me hace falta que estés de acuerdo en lo que digo, pero antes de opinar, lee lo que he escrito
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sábado, 30 de noviembre de 2013
jueves, 28 de noviembre de 2013
Crítica de "Feast" de Annihilator 8
No hay mejor manera de reencontrarse con una gran banda que con un disco de talla notable como es este. Annihilator nunca alcanzaron la primera línea del Thrash Metal, pero creo que ahora van a llegar más arriba que nunca. "Feast" reúne todas las cualidades positivas que la banda puede mostrar: virtuosismo instrumental, inspiración para componer éxitos atemporales, y variedad. Jeff Waters es una máquina de alta precisión, no lo vamos a descubrir ahora, pero esta vez desborda componiendo, grabando el bajo, haciendo coros, produciendo, mezclando y ejecutando unos riffs de maestro. Él es el alma de Annihilator, y algo más.
Hay variedad porque encontraréis temas que bordean a Slayer ("Deadlock"), el Metal actual ("No surrender"), una balada ("Perfect angel eyes") o todo a la vez ("Fight the world"). Tal es así, que se me antoja muy estrecha la etiqueta clásica de Thrash para un grupo como Annihilator. Hasta la portada es la mejor que eligen desde "Alice in hell", con Pilar Rubio haciendo de zombie, excelentemente caracterizada por cierto, y fotografiada por Rebeca Saray.
La edición de lujo trae la portada en 3D y un Cd con sus éxitos regrabados de manera que ganan aún más fuerza: "Set the world on fire", "Stone wall", "Bloodbath" y así hasta 15. Altamente recomendable.
Probad: "No way out", "Deadlock" o "Fight the world"
Hay variedad porque encontraréis temas que bordean a Slayer ("Deadlock"), el Metal actual ("No surrender"), una balada ("Perfect angel eyes") o todo a la vez ("Fight the world"). Tal es así, que se me antoja muy estrecha la etiqueta clásica de Thrash para un grupo como Annihilator. Hasta la portada es la mejor que eligen desde "Alice in hell", con Pilar Rubio haciendo de zombie, excelentemente caracterizada por cierto, y fotografiada por Rebeca Saray.
La edición de lujo trae la portada en 3D y un Cd con sus éxitos regrabados de manera que ganan aún más fuerza: "Set the world on fire", "Stone wall", "Bloodbath" y así hasta 15. Altamente recomendable.
Probad: "No way out", "Deadlock" o "Fight the world"
martes, 19 de noviembre de 2013
Crítica de "Resilient" de Running Wild 6'5/10
El nuevo trabajo de los alemanes Running Wild, héroes del Heavy Metal épico y pirata, tiene una virtud y un defecto. La virtud es su honestidad. Y su defecto es el realismo. El disco es honesto en la medida en que da lo que este grupo puede dar de sí en el año 2013: es más lento y menos inspirado que sus obras clásicas, y eso no intenta camuflarse con arreglos de producción ni trampas de estudio que luego, por razones obvias de desgaste, no serían capaces de trasladar al directo. Running wild son una banda como todas: no pueden sustraerse al paso del tiempo y, aunque siguen sonando de esa forma tan particular, con sus míticas guitarras dobladas y estribillos con gancho, hoy en día no alcanzan el nivel que tuvieron en el pasado. Pero ahí radica el reconocimiento al mismo: no engañan. Si te gustan, el disco de gustará. No será uno de sus clásicos, pero tiene momentos que te acercan a la emoción.
Su defecto es que siendo tan realista, uno se queda con sed de más. Es como si condujeras un coche de seis velocidades y no pudieras pasar de la cuarta. Algunas canciones se acercan a la inspiración que les caracterizó en su etapa dorada, pero a medida que pasa el disco esas se diluyen entre otras más flojas. Aún así, es de alabar que, a día de hoy, no intenten engañar a nadie. Llegan hasta donde llegan, sin trampa ni cartón. Incluso la portada intenta reverdecer clásicos diseños y se queda en un buen intento, porque le falta fuerza y originalidad. Aún así, dadle una oportunidad. Saborear de nuevo ese regusto de Heavy añejo le vendrá bien a vuestras orejas.
Probad: "Soldiers of fortune", "Fireheart" o "Bloody island"
Su defecto es que siendo tan realista, uno se queda con sed de más. Es como si condujeras un coche de seis velocidades y no pudieras pasar de la cuarta. Algunas canciones se acercan a la inspiración que les caracterizó en su etapa dorada, pero a medida que pasa el disco esas se diluyen entre otras más flojas. Aún así, es de alabar que, a día de hoy, no intenten engañar a nadie. Llegan hasta donde llegan, sin trampa ni cartón. Incluso la portada intenta reverdecer clásicos diseños y se queda en un buen intento, porque le falta fuerza y originalidad. Aún así, dadle una oportunidad. Saborear de nuevo ese regusto de Heavy añejo le vendrá bien a vuestras orejas.
Probad: "Soldiers of fortune", "Fireheart" o "Bloody island"
martes, 3 de abril de 2012
Crítica de "Live in 3D" de Scorpions 9'5/10

A pesar de que hay bandas que se llevan la fama por sus directos y por su habilidad para inmortalizarlos, hay que reconocer que hay una que siempre ha innovado, y cuyos directos, aunque no los quieran meter en las listas de "los mejores de..." siempre han estado ahí. Iron Maiden sacan un DVD por gira, Metallica dos o tres, AC/DC graban en el estadio de River y se considera la grabación como el no va más... Y sí, es cierto que todos esos grupos tienen directos aplastantes, pero creo injusto que no se reconozca a los Scorpions en su verdadera medida.
El "Tokyo tapes" marcó una etapa, que se agrandó con el "World wide live", y ahora, en lugar de publicar un DVD para masificar aún más el mercado, se adelantan con un Blue-Ray en 3 dimensiones que encumbra su leyenda. Gracias a la gente de Shop circus y su eficacia, el disco, que no se vende aún en España, me fue traído de Alemania, pues no quería renunciar a ver en 3D a un grupo al que nunca he podido ver en directo. Lo haré en la próxima edición de Wacken, pero sabiendo que están en el tramo final de su carrera, la sed se acrecienta.
La grabación está realizada en Saarbrücken, el 15 de abril del 2011, en un recinto cerrado al que acudieron fans de Scorpions de muy diverso pelaje, desde jóvenes adolescentes que, probablemente, estaban en uno de sus primeros directos, hasta calvas prominentes, amas de casa y metaleros de lo más true a quienes se ve haciendo headbanging apasionadamente. Scorpions son, hoy por hoy, patrimonio de todos. Su repertorio es tan alucinante que han podido superar barreras de edad y prejuicios musicales disco tras disco.
El Blue-ray es absolutamente recomendable desde cualquier punto de vista, pero el más importante es porque transmite sensaciones, y casi todas son buenas: el repertorio es magnífico, la grabación es de calidad, y el efecto 3D te instala directamente en el pabellón. Por momentos, parece que el de delante te va a dar con su puño en alto, o que te va a sacar un ojo Matthias Jabs con el mástil de su guitarra. Esto es toda una sensación, y el único problema de momento es que es un poco complicado meterse una flipada de air guitar con esas gafas tan ortopédicas puestas.
En lo musical, atraviesa varias fases. Me disgusta la apertura con "Sting in the tail" porque es una de las canciones más flojas de su penúltimo disco, que para mí cuenta con temas de mucha altura, pero todo se corrige enseguida, con una "Make it real" que suena mejor que nunca, y que nos muestra a una banda, con sus circunstancias actuales claramente, pero que raya a una buena altura.
"Bad boy running wild" y la especial "The zoo" empiezan a mostrar la química que tiene aún la banda con su público, que disfruta del buen rato que siempre ofrece la instrumental "Coast to coast", un tema que no parece instrumental dado su ritmo. Todos estos temas van casi encadenados y las primeras percepciones nos dicen que Klaus Meine está muy justito y no gasta ni un solo gramo de fuerza ante el temor de pinchar al final, que Rudolph sigue imparable que el batería James Kottak tiene un afán de protagonismo desmedido, que por supuesto se le permite. Un papel más discreto para Jabs y, por supuesto, para el bueno de Pawel, que a veces parece estar ahí porque alguien tiene que estar.
"Loving you sunday morning" abre el tramo de la grabación de relax, con la hímnica "The best is yet to come", un tema compuesto como despedida del grupo, el clásico "Send me an angel", que interpretan en una plataforma en medio del público, al igual que "Holiday", con su parte final guitarrera. El calor se vuelve a disparar cuando Rudolph cambia por enésima vez su guitarra empieza la gran "Raised on rock"para devolvernos a la etapa de mayor intensidad rockera de Scorpions con un "Tease me, please me" que cantan todos los asistentes a coro, justo antes de uno de los mejores momentos de su catálogo.
"Dynamite" es, sin duda, una de las grandes canciones de los '80. No hay bar rockero en el mundo que no se encienda si lo pinchan. No hay púa imaginaria que no empiece a rasgar el vaquero cuando suena, pero hay muy pocas voces capaces de interpretarla con dignidad, y creo que la de Meine ya no lo es. Pasa verdaderos apuros para llegar a los tonos, aunque los técnicos de sonido son verdaderamente certeros a la hora de conjuntar el sonido de todos y no dejarle en evidencia. Sus esfuerzos son loables, pero si quiere cerrar con honor la historia de la banda en sus últimos compromisos, o se cuida más o entrena más, o las dos cosas. Debe tener presente que mucha gente sólo les verá en esta gira de despedida.
James Kottak es el encargado de hacer la transición con un solo de batería que demuestra lo efectista que es. Cambia tantas veces de camiseta como Rudolph de guitarra, y sus poses y su aspecto son los de un hairmetalero bien auténtico. Su tatuaje en la espalda de "Rock n' roll forever" dice el resto.
Empieza la traca final con otra en la que Meine es el único que no disfruta, la gran "Blackout" con la guitarra humeante de Schencker y un gran juego de pantallas y luces, descanso para la voz con el momento de los guitarristas, antes de atacar la emotiva "Big city nights" cantada con ganas otra vez por un público aparentemente frío pero que se deja la garganta en cada estribillo.
Ese mismo público aguarda con ganas la llegada de las dos grandes baladas de su repertorio: "Still loving you" y "Wind of change" que, más que temas de Scorpions son ya universales. Mil veces oídos, mil veces interpretados y siempre suenan especiales. Más banderas de Alemania (enseñan unas cuantas), más saludos al personal y el trueno final con "Rock you like a hurricane" y despedida con "When the smoke is going down".
Si tenéis una tele en 3D, no lo dudéis, haceros con esta grabación porque es una sucesión de momentos intensos. Es inevitable involucrarse en la proyección gracias al efecto 3D, que supera, con mucho, a cualquier DVD que tengáis en la estantería. Musicalmente, hace justicia a lo que son Scorpions a pesar de que la edad ya no perdona en determinados momentos, y se convertirá en un excelente recuerdo cuando ya no sea posible verles más sobre un escenario. Atreveos, apuesto a que de Maiden y Metallica tenéis ya una decena de grabaciones.
domingo, 1 de abril de 2012
Crítica de "Helvetios" de Eluveitie 8/10
Los suizos (quizás mejor francosuizos) Eluveitie conforman una de las bandas de Death melódico que mayor crecimiento han experimentado en los últimos cinco años. Sus seguidores empiezan a ser legión por todo el mundo dada la firmeza con la que han elaborado todos y cada uno de sus discos tras el celebrado "Slania" de 2008. Se caracterizan por introducir elementos tradicionales en su música, y como ya he escrito otras veces, ese toque los hace diferentes. No hay sobreactuación, todo está siempre en su sitio y su apertura de mentes les ha llevado incluso a editar un disco exclusivamente acústico en su día para hacer dudar a más de uno si son Metal o son Folk.
Que ningún true se asuste. Eluveitie es Metal del bueno, distinto, original, una bocanada de aire fresco sin caer en la reiteración de lo que han podido hacer otros. Según mi humilde criterio, están muy por delante de bandas como Turisas y otras del estilo, que en determinados aspectos podrían experimentar caminos semejantes. En este "Helvetios", Eluveitie demuestran que sigue manteniendo intacta su capacidad para elaborar temas hímnicos a la vez que fabrican otros duros, extremos y feroces.
La obra se inicia con un prólogo leído por la prodigiosa voz del actor escocés Alexander Morton, que también se encarga del epílogo. El discurso habla de la guerra, porque este eminentemente bélico. Siguen desentrañando el mitificado pasado de la Galia que abarcaba a lo que hoy es Suiza, pero aquí hay mucha guerra. Tras la voz de Morton y unas melodías de batalla aparece "Helvetios", una pieza sensacional, en la que se expresa perfectamente cómo es posible combinar la melodía de las flautas y los violines, con los guturales, las guitarras a toda pastilla y la batería centelleante.
Si la primera ex excelente, la segunda huele a clásico de su discografía. El espíritu de la obra maestra "Inis Mona" sobrevuela en un tema que es puro headbanging. Cuando una canción suena bien no tiene mucho sentido explicarla. Sólo destacar que el estribillo está cantado en el viejo y desaparecido idioma que se hablaba en su país de origen, lo cual hace aún más fascinante su propuesta ("Scorched earth" está cantado en galo antiguo).
La furia que habían aparcado, en parte, en "Everything remains (as it never was)" vuelve en "Helvetios" y "Home" es un tema de puro Death donde las gaitas y las flautas quedan en segundo plano para primar la dureza. "Santonian shores" es muy rítmica, las guitarras, las flautas y la gaita se erigen en las directoras de orquesta para construir un tema muy pegadizo que se funde por medio de un fondo de tormenta y viento con la antes citada "Scorched earth", una especie de poema en galo antiguo que hace de transición hacia una nueva parte del álbum, que tiene 17 cortes, sin contar la versión acústica del primer single "A rose for Epona".
De los 8 componentes del grupo, el cerebro, aunque sólo sea por su hiperactividad es Chrigel Clanzmann, vocalista principal, con unos guturales fuera de la media del estilo, flautista, gaitero, harpista, mandolinista y ejecutor de bodhram, además de compositor de la mayor parte de las letras. Le acompaña en los tramos de contraste Anna Murphy, que también se encarga del hurdy burdy. Precisamente ella apenas aparece en "Meet the enemy", otro de los momentos de mayor intensidad del disco que, por si no os habéis fijado, ni siquiera ha llegado a su ecuador y se nos está pasando volando.
Para no eternizarnos, pues lo esencial está destacado, mencionamos que "Neverland" es otro buen momento con un estribillo a varias voces que se presenta como si fuera una canción popular, fácilmente memorizable, y con un solo múltiple (sí, es que se van sucediendo los instrumentos) muy logrado. Si escucháis el primer single por separado, es probable que sufráis un sobresalto, como me ocurrió a mí, pensando que estos no eran Eluveitie, que me los habían cambiado por Nightwish con flauta. "A rose for Epona" es una canción que no desentona una vez se escucha el conjunto del Cd, pues hay altos, bajos y cambios, como en todos los buenos discos, pero está hasta tres peldaños por debajo en cuanto a intensidad y furia.
Entiendo a los chicos de Nuclear Blast, intentando dar gato por liebre a posibles nuevos públicos, pero Eluveitie hacen de canciones como esta la excepción y no la regla. Aún así, sirve para que apreciemos la belleza de la voz de Anna Murphy. Más metal que otra cosa. No entiendo para nada la selección de las canciones para inmortalizarse a través del vídeoclip, pues la siguiente, "Havoc" es el siguiente vídeo, cuando hay canciones muy por encima de ambas. "Havoc" se inicia con un frenético violín al que luego se le suma una flauta, y luego una poderosa base rítmica encumbrada por un Clanzmann más gritón que nunca. La letra narra los ataques de algunas hordas que atacaban Helvecia y Eburonia, una zona de Europa central que se situaba en Alemania fundamentalmente.
"The uprising" narra también la defensa de las pequeñas tribus galas ante ataques externos, y mitifica la lucha por la supervivencia a ritmo veloz también. "Hope" es un descanso de dos y minutos instrumental, que podrían firmar perfectamente Chieftains o Gwendal, pero el descanso dura poco, porque "The siege" empieza de manera impía con un grito iracundo, siendo seguramente el tema más poderoso de todo el disco.
El último gran momento se produce en "Alesia", una canción deliciosa capitaneada por Anna Murphy, cuya cadencia va una marcha por debajo del tono general del trabajo, pero que penetra por los oídos de principio a fin como sólo las grandes canciones pueden hacerlo, con ritmo imperial y elegancia. Otra que apunta a clásico.
Supongo que a estas alturas, si no los conoces habrás oído hablar de ellos. Date prisa, estarías perdiéndote, de lo contrario, a uno de los combos más interesantes de la escena extrema del Metal. Tres de tres, tres discazos consecutivos.
Que ningún true se asuste. Eluveitie es Metal del bueno, distinto, original, una bocanada de aire fresco sin caer en la reiteración de lo que han podido hacer otros. Según mi humilde criterio, están muy por delante de bandas como Turisas y otras del estilo, que en determinados aspectos podrían experimentar caminos semejantes. En este "Helvetios", Eluveitie demuestran que sigue manteniendo intacta su capacidad para elaborar temas hímnicos a la vez que fabrican otros duros, extremos y feroces.
La obra se inicia con un prólogo leído por la prodigiosa voz del actor escocés Alexander Morton, que también se encarga del epílogo. El discurso habla de la guerra, porque este eminentemente bélico. Siguen desentrañando el mitificado pasado de la Galia que abarcaba a lo que hoy es Suiza, pero aquí hay mucha guerra. Tras la voz de Morton y unas melodías de batalla aparece "Helvetios", una pieza sensacional, en la que se expresa perfectamente cómo es posible combinar la melodía de las flautas y los violines, con los guturales, las guitarras a toda pastilla y la batería centelleante.
Si la primera ex excelente, la segunda huele a clásico de su discografía. El espíritu de la obra maestra "Inis Mona" sobrevuela en un tema que es puro headbanging. Cuando una canción suena bien no tiene mucho sentido explicarla. Sólo destacar que el estribillo está cantado en el viejo y desaparecido idioma que se hablaba en su país de origen, lo cual hace aún más fascinante su propuesta ("Scorched earth" está cantado en galo antiguo).
La furia que habían aparcado, en parte, en "Everything remains (as it never was)" vuelve en "Helvetios" y "Home" es un tema de puro Death donde las gaitas y las flautas quedan en segundo plano para primar la dureza. "Santonian shores" es muy rítmica, las guitarras, las flautas y la gaita se erigen en las directoras de orquesta para construir un tema muy pegadizo que se funde por medio de un fondo de tormenta y viento con la antes citada "Scorched earth", una especie de poema en galo antiguo que hace de transición hacia una nueva parte del álbum, que tiene 17 cortes, sin contar la versión acústica del primer single "A rose for Epona".
De los 8 componentes del grupo, el cerebro, aunque sólo sea por su hiperactividad es Chrigel Clanzmann, vocalista principal, con unos guturales fuera de la media del estilo, flautista, gaitero, harpista, mandolinista y ejecutor de bodhram, además de compositor de la mayor parte de las letras. Le acompaña en los tramos de contraste Anna Murphy, que también se encarga del hurdy burdy. Precisamente ella apenas aparece en "Meet the enemy", otro de los momentos de mayor intensidad del disco que, por si no os habéis fijado, ni siquiera ha llegado a su ecuador y se nos está pasando volando.
Para no eternizarnos, pues lo esencial está destacado, mencionamos que "Neverland" es otro buen momento con un estribillo a varias voces que se presenta como si fuera una canción popular, fácilmente memorizable, y con un solo múltiple (sí, es que se van sucediendo los instrumentos) muy logrado. Si escucháis el primer single por separado, es probable que sufráis un sobresalto, como me ocurrió a mí, pensando que estos no eran Eluveitie, que me los habían cambiado por Nightwish con flauta. "A rose for Epona" es una canción que no desentona una vez se escucha el conjunto del Cd, pues hay altos, bajos y cambios, como en todos los buenos discos, pero está hasta tres peldaños por debajo en cuanto a intensidad y furia.
Entiendo a los chicos de Nuclear Blast, intentando dar gato por liebre a posibles nuevos públicos, pero Eluveitie hacen de canciones como esta la excepción y no la regla. Aún así, sirve para que apreciemos la belleza de la voz de Anna Murphy. Más metal que otra cosa. No entiendo para nada la selección de las canciones para inmortalizarse a través del vídeoclip, pues la siguiente, "Havoc" es el siguiente vídeo, cuando hay canciones muy por encima de ambas. "Havoc" se inicia con un frenético violín al que luego se le suma una flauta, y luego una poderosa base rítmica encumbrada por un Clanzmann más gritón que nunca. La letra narra los ataques de algunas hordas que atacaban Helvecia y Eburonia, una zona de Europa central que se situaba en Alemania fundamentalmente.
"The uprising" narra también la defensa de las pequeñas tribus galas ante ataques externos, y mitifica la lucha por la supervivencia a ritmo veloz también. "Hope" es un descanso de dos y minutos instrumental, que podrían firmar perfectamente Chieftains o Gwendal, pero el descanso dura poco, porque "The siege" empieza de manera impía con un grito iracundo, siendo seguramente el tema más poderoso de todo el disco.
El último gran momento se produce en "Alesia", una canción deliciosa capitaneada por Anna Murphy, cuya cadencia va una marcha por debajo del tono general del trabajo, pero que penetra por los oídos de principio a fin como sólo las grandes canciones pueden hacerlo, con ritmo imperial y elegancia. Otra que apunta a clásico.
Supongo que a estas alturas, si no los conoces habrás oído hablar de ellos. Date prisa, estarías perdiéndote, de lo contrario, a uno de los combos más interesantes de la escena extrema del Metal. Tres de tres, tres discazos consecutivos.
miércoles, 1 de febrero de 2012
Crítica de “Resolution” de Lamb of God 10/10
A la hora de escribir esta crítica, se acaba de conocer que Lamb of God han entrado al número 3 de lista Billboard, además de haber llegado muy arriba en otros muchos países, al 3 también en Australia o al 19 en el Reino Unido. Eso certifica que los estadounidenses son una banda enorme, cuyo impacto es mundial aunque su verdadero estallido se produjo en su país hace algunos años. Su lema Pure american Metal hace honor a un grupo que junto con Machine head son la vanguardia de una nueva generación que han recogido el testigo y se han convertido en el relevo de los más grandes. Pantera pueden estar orgullosos del monstruo que lograron revivir hace 20 años con los colosales “Cowboys from hell”, “Vulgar display of power” y “Far beyond driven”.
Lamb of God llegaron a la cima con “Sacrament” primero, y “Wrath” después, pero este “Resolution” supera todos los límites de la excelencia. Nunca Metalbitacora había puntuado con un 10 un disco, pero estos 14 temas son sensancionales, del primero al último. Lamb of God han encontrado la fórmula para combinar furia y calidad. Podría alargarme en adjetivos y análisis pormenorizados de todos y cada uno de los temas, pero es inncesario. Este es el trabajo definitivo de Lamb of God, han situado el listón tan arriba que me parece muy complicado hacer algo mejor. Las guitarras dan una constante lección de riffs pesados, Chris Adler a la batería demuestra que es una bestia, con un estilo muy particular que se identifica fácilmente, y que es capaz de dirigir a la banda en muchas canciones, y sólo me queda la duda de si Randy Blythe será capaz de plasmar en directo los registros que ha logrado en el estudio. Su presencia en los festivales europeos de primavera-verano será clave para verificar si están ya en el Olimpo metalero a todos los efectos.
La intro “Straight of the sun” es inquietante, como casi todas las que abren sus trabajos, un increscendo lento que pone en guardia hasta que el oyente empieza a reclamar que estalle la música, y eso ocurre con un terrible “Desolation”, donde guitarra solista y batería marcan la pauta acompasados por la segunda guitarra y el bajo. Un ritmo sinuoso y salvaje, muy semejante al del primer sencillo “Ghost walking” (no os recuerda a "Redneck"?) donde Randy pone su voz al servicio de un tema más melódico, muy metalero, en el que hay un solo de guitarra aparentemente no demasiado complejo, pero que encaja perfectamente en una canción repleta de cambios de ritmo.
En “Resolution” hay algo más de melodía que en sus antecesores, pero la velocidad no falta, y “Guilty” es el mejor ejemplo. El inicio parece un homenaje a Slayer, hasta Adler parece homenajear a Dave Lombardo, hasta el tramo final de la canción, donde las guitarras conducen los últimos ritmos. El aroma a Thrash clásico se respira también en “The undertow”, aunque es el vocalista quien mantiene la identidad del grupo, sin cambiar a aquellos registros clásicos más chillones. Lamb of God virando hacia el Thrash? “Cheated” es otro ejemplo, hasta en su duración, 2:36 de explosión iracunda. Por momentos parece que sí, aunque a lo largo de 14 canciones os podéis imaginar que hay momentos para casi todo.
Si hay un momento del disco al que le tengo especial aprecio es a “The number six”. Todos y cada uno de los integrantes de la banda se lucen en una ejecución de Metal de lo más bruto, sobre todo Blythe, quien combina melodías con gritos de lo más poderoso. El ritmo intermedio y los estribillos son muy melódicos, como pocas veces en LoG, incluyendo un tramo final en el que unos coros visten un tema que seguro que os sorprenderá por lo de novedad que supone en su trayectoria.
Lejos de flaquear, como sucede con otros de sus trabajos a medida que avanza el Cd (“Wrath” es un caso evidente), el trabajo mantiene el fuelle de forma constante. Es lo que tienen las obras maestras, que se disfrutan de principio a fin. De todos es conocida la inclinación de la banda, y especialmente de Blythe a la crítica social, al capitalismo salvaje y a las prácticas militaristas y colonizadoras de las grandes potencias, empezando por su propio país. La portada muestra una tierra seca, asolada, con una explosión de fondo que sugiere guerra y destrucción. Implícitamente, siempre hay un llamamiento a la rebelión, como en el primer vídeo-clip. Casi todo el disco gira en torno a esa idea: desolación, sometimiento vs. Insurrección y rebeldía.
Cuando llega la escucha a “Terminal unique” se puede pensar que ese mismo tema podría abrir el disco y el brillo sería el mismo. Quizás no compartáis mi visión, pero sin olvidar que en este “Resolution” la banda hace lo que mejor sabe hacer, hay algunas otras pinceladasd novedosas que calificaría como progresivas, en la antes mencionada “The number six” y en otras como “To the end”. No decae en ningún momento. Es salvaje y brutal, pero también estudiado y bien estructurado.
Por si fuera poco, se añade un bonus Cd de la gira de “Wrath” absolutamente increíble. 12 canciones de lo mejor de su repertorio con un sonido cristalino y un ambiente captado a la perfección: el directo de los de Richmond (Virginia), su momento culmen. Ahí están un demoledor “Walk with me in hell”, “Now you’ve got something to die for”, “As the palaces burn” o la ya mítica “Redneck”. Si te metes un menú con los dos discos seguidos probablemente te entrarán ganas de invadir Polonia. Bueno, quizás no tanto, pero igual le das un puñetazo a tu vecino. Seguro que se lo tiene merecido.
Es muy difícil hacerlo mejor.
jueves, 1 de diciembre de 2011
Crítica de "Dawn for a new breed" de Clockwork 8'5/10
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| La portada del artista Marcos Cabrera para el primer Ep de Clockwork |
En cualquier actividad competitiva, y la lucha por el éxito en la música también lo es, hay una combinación de factores que te llevan arriba o te dejan a mitad de tránsito: el primero es, por supuesto, el talento. El segundo es la ambición. El tercero es que te puedas rodear de personas que te ayuden a desbrozar el camino. Y el cuarto, y no necesariamente en este orden, la suerte en sus diversos grados.
No sé hasta dónde serán capaces de llegar Clockwork, pero reúnen varios de estos factores en esta primera muestra que nos ofrecen, un Ep titulado "Dawn for a new breed". Si esto es lo primero que han parido, cabe deducir que puede venir mucho más y seguro que mejor. Metalbitacora no suele puntuar los trabajos de debut de ningún grupo, pues todos tienen derecho a equivocarse una vez, pero la rotundidad de estas canciones merecía nota.
Aquí hay talento: voz, guitarras y base rítmica, especialmente la batería, son un ensamblaje aplastante para un combo que explora los caminos más actuales que discurren entre el Thrash y el Death. Estamos ante un sonido que está más desarrollado al otro lado del charco (Lamb of God, Machine head, Devildriver), pero que mantiene la inspiración del Thrash clásico que en Europa está viviendo un verdadero revival (Evile, Gama Bomb, Angelus Apatrida).
Hay ambición: si no, uno no se puede explicar cómo un debut puede sonar tan poderoso (está producido por el guitarrista Javi García y por Gorka Dresbaj), e incluir colaboraciones de Davish (Angelus apatrida), Alberto Marín (Hamlet), Ryan Knight (The black dahlia murder), Andoni García (Phthisis) y Mitch Harris (Napalm death).
Cuentan con personas que les están ayudando a difundir su propuesta: sólo así se puede entender que su Ep esté siendo distribuido por una revista de gran tirada como Rockzone en este mes de diciembre (compartiendo portada con Mastodon nada menos).
Falta por saber cuánta suerte tendrán, pero lo que está claro es que Javi García (ex- Soziedad Alkoholika), -junto con el otro guitarrista recién incorporado Pablo Tello, quien no ha participado en la grabación-, el vocalista Rown Houland (Infernoise), el batería Albaro Alonzoo (Idi Bihotz, Clarisse) y Dani aka Patxi (Kop) han dado forma a cinco temas sensacionales, y que en poco más de un año de vida las expectativas sobre esta banda se han disparado, como vemos ahora con razón.
Una intro titulada "Hate mantra" inquieta hasta que explota "Everything burns", un tema rápido, de 3 minutos 15 segundos, de hecho todos los temas están rondando esa duración, ninguno supera los 4:30, lo que da la medida de que buscan impactos directos. Destacan las guitarras, una constante en todos los temas, la precisión de Albaro a la batería y el trabajo vocal de Rown, que es algo sensacional. Sus cualidades impresionan desde el primer momento: él se ha encargado de cantar, doblar voces y hacer los coros, y su registro puede oscilar entre el poderío más melódico hasta las partes guturales, pero siempre con un timbre reconocible, no como las millones de voces guturales que hay por el mundo, que parecen clones, en él hay algo distinto.
En "One last fight" Davish de Angelus Apatrida deja un solo marca de la casa mientras el tema discurre a una velocidad verdaderamente apabullante. "Trial and error" arranca con guitarras afiladas, y cambia de ritmo varias veces, siempre en medio de la furia de Rown, que a veces parece un auténtico poseso.
"Mandatory" es el lujo del Ep., con Ryan Knight, que firma un solo durante una interesante y pesada transición, para que, al volver la rapidez, Mitch Harris se ponga a gritar como un descosido, en un pulso con el vocalista ciertamente espectacular, un intercambio de furia que sólo se puede definir como puro Metal.
Mi tema favorito es el último, "Evil grin", que tiene un arranque a lo Lamb of God potente, y en el que los coros de acompañamiento son más melódicos, sin olvidar el solo del titán Alberto Marín, muy magnético. Otra vez canción corta, rápida y con una firmeza propia de un muro de hormigón. Es calidad no reñida con la potencia.
En general, el trabajo de guitarras es muy bueno. Se observa inspiración y ensayo en cada melodía, y muchos vais a descubrir en Javi García a un músico de gran virtuosidad que no podía desarrollar sus cualidades en una banda como Soziedad Alkoholika. Podría reiterarme y deciros que vais a preguntaros cómo es posible que sólo con cuatro extremidades una batería saque en algunos pasajes sonidos como los que ejecuta Albaro, pero lo mejor es que los probéis vosotros mismos.
Quizás para dar un mayor músculo al conjunto (aunque es difícil) se precise engordar un poco las líneas de bajo. Aún así, hay que verles en directo, tengamos en cuenta que no viven en la misma ciudad y sus oportunidades para ensayar son muy pocas, con lo que el producto final tiene aún más mérito.
Esto es Metal, puro Metal. Y seguramente la suerte tendrá la última palabra con ellos.
jueves, 24 de noviembre de 2011
Crítica de "Bost" de Ost 8/10
El País Vasco siempre ha sido muy propicio para las bandas de Rock duro y Metal en general. Desde hace hace más de dos décadas, podemos decir que tras la desaparación del RRV (Rock Radical Vasco), poco a poco fue originándose una escena que nos han dado grandes grupos, algunos de ellos con trayectorias longevas, como es el caso de los Su ta gar. Como parte negativa habría que destacar que muchos de los que siguieron ese camino fueron demasiado semejantes a los Suta. Resumiendo: Heavy metal del clasicote con patrones bastante repetitivos.
En los últimos años han surgido bandas que están renovando el panorama y que quizás aún no han logrado despuntar tanto dentro de Euskal Herria como fuera del modo que lo hicieron sus predecesores, pero eso no significa que no haya talento. Una de esas bandas son los bermeanos Ost, cuya propuesta podríamos simplificarla como Metal moderno a secas, con influencias del clásico por momentos, y con un sonido en este nuevo trabajo titulado "Bost" que, personalmente, me recuerda a los Berri Txarrak más bravos en algunos pasajes.
Concretando, si te gusta el Metal poderoso, descarado y actualizado al 2011, Ost son una gran posibilidad para tus oídos. "Bost" se compone de 11 temas que se pasan volando en una escucha sosegada, y que ya le gustarían firmar cualquier bandita de Escandinavia, de esas con bermudas molonas y flequillos cortados a cuchilla, de las que ocupan artículos de revistas especializadas sólo porque vienen de la madre de todas las escenas metaleras.
Aquí hay una inteligente combinación de furia y artesanía metalera, con cambios de ritmo bien ejecutados, una voz singular y reconocible (por fin!), guitarras actuales y una retaguardia bien firme en forma de base rítmica. ¿Y por qué no son más conocidos? Supongo que por una conjunción de factores entre los que está el idiomático o la débil apuesta de la mini industria euskaldun por la música talentosa si esta es guitarrera (si no estás en Elkar no existes).
En la apertura ya demuestran cuál es su talante con un "Loteria beltza" con partes veloces, de inspiración Thrash, en sexta velocidad, para bajar a segunda marcha en el solo de guitarra, y pisar de nuevo el acelerador en medio del mismo en búsqueda de un estribillo en el que los coros arropan bien a la voz de Kapi. La identidad de Ost se manifiesta mejor a lo largo de los siguientes temas, como "Ilargiarenak", una gran demostración de poderío, donde el doble bombo conduce a las guitarras hacia una movida composición, no tan furiosa como "Errespetua", que es ideal para un buen pogo.
Atravesamos la parte más descarnada de un gran trabajo, insisto, con "Ostikada" ("si quieres leña aquí tienes de la buena", es una buena declaración de intenciones!) y "Galderak III", y apuesto a que a la quinta vez que te pongas el disco te preguntarás cómo son en directo porque te gustará verles.
De lo más pegadizo es la versión de los míticos Errobi "Gure lekukotasuna". La original ya es magnética, y esta adaptación lo es aún más, con una mezcla de ritmo y un cierto panfletismo letrístico (entiéndase) ideal para los directos. En "Gure miraria" lo que destacan son las melodías vocales, que se presentan dulces en el estribillo, más que la media.
La experiencia acumulada a lo largo de casi dos décadas se manifiesta en la última pieza, "Kasualitatez", un medio tiempo de ocho minutos con detalles de voces femeninas (Izaskun Muruaga, de la banda local Lights of eden), con un aire progresivo que se evapora en la traca final, donde la furia vuelve a aparecer.
Ost han hecho un muy buen disco. Tienen algunas características que les diferencian de los demás, y eso ya es suficiente, pero lo más relevante, a mi modo de ver, es la carga positiva que introducen en el panorama metalero vasco con su sonido poderoso y refrescante.
En los últimos años han surgido bandas que están renovando el panorama y que quizás aún no han logrado despuntar tanto dentro de Euskal Herria como fuera del modo que lo hicieron sus predecesores, pero eso no significa que no haya talento. Una de esas bandas son los bermeanos Ost, cuya propuesta podríamos simplificarla como Metal moderno a secas, con influencias del clásico por momentos, y con un sonido en este nuevo trabajo titulado "Bost" que, personalmente, me recuerda a los Berri Txarrak más bravos en algunos pasajes.
Concretando, si te gusta el Metal poderoso, descarado y actualizado al 2011, Ost son una gran posibilidad para tus oídos. "Bost" se compone de 11 temas que se pasan volando en una escucha sosegada, y que ya le gustarían firmar cualquier bandita de Escandinavia, de esas con bermudas molonas y flequillos cortados a cuchilla, de las que ocupan artículos de revistas especializadas sólo porque vienen de la madre de todas las escenas metaleras.
Aquí hay una inteligente combinación de furia y artesanía metalera, con cambios de ritmo bien ejecutados, una voz singular y reconocible (por fin!), guitarras actuales y una retaguardia bien firme en forma de base rítmica. ¿Y por qué no son más conocidos? Supongo que por una conjunción de factores entre los que está el idiomático o la débil apuesta de la mini industria euskaldun por la música talentosa si esta es guitarrera (si no estás en Elkar no existes).
En la apertura ya demuestran cuál es su talante con un "Loteria beltza" con partes veloces, de inspiración Thrash, en sexta velocidad, para bajar a segunda marcha en el solo de guitarra, y pisar de nuevo el acelerador en medio del mismo en búsqueda de un estribillo en el que los coros arropan bien a la voz de Kapi. La identidad de Ost se manifiesta mejor a lo largo de los siguientes temas, como "Ilargiarenak", una gran demostración de poderío, donde el doble bombo conduce a las guitarras hacia una movida composición, no tan furiosa como "Errespetua", que es ideal para un buen pogo.
Atravesamos la parte más descarnada de un gran trabajo, insisto, con "Ostikada" ("si quieres leña aquí tienes de la buena", es una buena declaración de intenciones!) y "Galderak III", y apuesto a que a la quinta vez que te pongas el disco te preguntarás cómo son en directo porque te gustará verles.
De lo más pegadizo es la versión de los míticos Errobi "Gure lekukotasuna". La original ya es magnética, y esta adaptación lo es aún más, con una mezcla de ritmo y un cierto panfletismo letrístico (entiéndase) ideal para los directos. En "Gure miraria" lo que destacan son las melodías vocales, que se presentan dulces en el estribillo, más que la media.
La experiencia acumulada a lo largo de casi dos décadas se manifiesta en la última pieza, "Kasualitatez", un medio tiempo de ocho minutos con detalles de voces femeninas (Izaskun Muruaga, de la banda local Lights of eden), con un aire progresivo que se evapora en la traca final, donde la furia vuelve a aparecer.
Ost han hecho un muy buen disco. Tienen algunas características que les diferencian de los demás, y eso ya es suficiente, pero lo más relevante, a mi modo de ver, es la carga positiva que introducen en el panorama metalero vasco con su sonido poderoso y refrescante.
sábado, 3 de septiembre de 2011
Crítica de "Man Vs. Machine", primer Ep. de Raze
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| Portada del primer Ep de Raze, "Man vs machine" |
Si hay algo que sorprende en este primer Ep. de Raze, compuesto por cuatro temas, es la solidez musical que muestran y sobre todo la calidad del sonido de los mismos. Cuando descargué el material, algo que se puede hacer gratuitamente y que es altamente recomendable, no pensé encontrar un audio tan limpio y trabajado. Ya quisieran muchas bandas poder ofrecer esta nitidez en sus primeros discos.
"Man vs machine" se ha grabado y masterizado en O que hai estudios, de la mano de Carlos Arcay, a quien debemos felicitar sinceramente por su trabajo, y completa el primer tramo de existencia de esta banda que componen Sebas (batería, Marcos (guitarra), Moro (guitarra) y Macaco (bajo y voz). Cantan en inglés y han teloneado a Entombed, entre otras actuaciones fundamentalmente por territorio galaico.
El Ep se inicia con una breve intro para ambientar "Crime scene, do not cross", el primer y rápido tema que sintetiza bstante bien la identidad del grupo. Es difícil destacar algunas áreas musicales sobre otras, dado que el sonido es muy unitario, homogéneo, sin que haya nada que quede por debajo del nivel medio, que está en el notable. Las voces, como podéis comprobar, incluyen unos coros que enriquecen el conjunto, y el timbre de Macaco busca más estilos como los de Overkill que las partes guturales, que quizás proliferan demasiado actualmente, en ocasiones sin demasiado sentido.La temático de las letras es puramente Thrasher, clamando contra la clase política corrupta, como en "Operation enduring freedom", que es mi favorita, o aquellas que alertan contra el desarrollo desaforado del planeta y en general contra todo aquello establecido y que nos genera insatisfacción. Esta primera muestra de su saber hacer se completa con una vertiginosa "Into the fire", en la que sí destaca el solo de guitarra, muy inspirado.
Podéis descargaros el Ep en este enlace, observaréis bastante calidad en general. Es muy recomendable para los seguidores del género, pero creo que pueden conquistar otros caladeros, porque su sonido es bastante abierto. Sin duda podrían contribuir un alimentar una escena que está viviendo una segunda juventud, también en la Península.
RAZE - Crime scene, do not cross by Macaco78
Actuación del año 2010
lunes, 29 de agosto de 2011
Crítica de "Infected" de Hammerfall 6/10
Quo vadis, Hammerfall? Me es realmente difícil enfrentarme a un análisis desapasionado del nuevo disco de esta banda sueca de Heavy Metal clásico dada su trayectoria. A Hammerfall hay que reconocerles todo lo que han hecho por el género, que ha sido mucho y en algunos años verdaderamente difíciles, especialmente en la década de los '90, cuando prácticamente nadie apostaba un duro por él. Firmaron cuatro discos realmente magistrales, con himnos que todo conocéis que les elevaron a la cima.
Pero en estos momentos Hammerfall, y lamento decirlo, han perdido su ADN. Es una banda que está buscando una nueva identidad, y no está encontrando la tecla adecuada para reciclarse. Han pasado de cantarles a los guerreros, dragones y mazmorras con un habilidad extrema, a presentarnos un disco cuya portada y algunas canciones van sobre zombies. Y lo que es peor, quieren introducir nuevos matices en su música pero sin saber cómo.
No penséis que "Infected" es un mal disco, porque no lo es. Tiene algunos momentos brillantes, pero sólo son aquellos en los que el grupo muestra parte de lo que saben hacer, ese Metal rápido, épico, de melodías pegadizas y coros monumentales. El resto de variaciones no aportan apenas nada positivo. Es una lástima que los dos líderes de Hammerfall, Joacim Cans y Oskar Dronjak no sean capaces de reciclarse, pero peor es que nadie les diga que lo que hacían antes lo bordaban. En términos generales, este nuevo disco se queda por detrás del anterior "No sacrifice, no victory", y eso es preocupante, sobre todo sabiendo que en 2012 celebrarán su 25º aniversario, y que el festival de Wacken ya les ha reservado un lugar privilegiado de su próxima edición.
En honor a la verdad, Hammerfall nunca ha sido una banda que se haya distinguido porque sus componentes fueran virtuosos en la ejecución de sus instrumentos, pero no les hacía falta. Elaboraban Heavy claro, puro, limpio y auténtico. Y no pedíamos más. Ahora, cuando se escucha la intro de zombies que abre el trabajo y se da paso al primer tema, con un riff pesado de ritmo medio, uno percibe que algo no va bien.
"B.Y.H." (Bang your head) es una canción-himno sobre el Metal, como su nombre indica, que apunta maneras, pero que no se acerca a sus mejores composiciones. Soy consciente de que jamás alcanzarán las cotas de sus primeros trabajos, pero en este "Infected" hay momentos ciertamente desalentadores. Algunos de ellos están en el primer single, "One more time", cuya base principal es tan simple que asusta. Es de esas canciones que parece buscar algo nuevo en su música, pero que encalla estrepitosamente. Al mismo tiempo tiene parte de lo que Hammerfall cosechó con éxito, y eso la salva en parte.
De lo mejor, "The outlaw", rápida, directa y eficaz. Al igual que "Día de los muertos", que musicalmente es interesante, también cañera y potente, pero que chirría por su temática, que no encaja para nada en la tradición de Hammerfall. Entre lo peor, las primeras canciones del disco por las pocas satisfacciones que nos dan cuando esperamos más, o "I refused", que empieza con un riff magnético, fantástico, para acabar disolviéndose poco a poco en un estribillo pobre. Una verdadera lástima porque sus primeros compases hacen vibrar de verdad. "Redemption" cierra el trabajo y es una pieza prescindible, como "Let's get it on", que lamentablemente no aportan nada.
No falta la típica balada, en esta ocasión íntegramente acústica, "Send me a sign", un buen momento de pausa, que no contribuye a salvar un disco que muestra una senda preocupante para Hammerfall, de falta de ideas y de desacierto al tratar de plasmar algunas nuevas. En conjunto se queda en un quiero y no puedo un tanto decepcionante, que a buen seguro sabrán salvar en directo, porque a pesar de este bache, cuentan con un repertorio que ya quisieran muchas bandas. No perdamos la fe y esperamos que mantengan el lugar que les corresponde en el Heavy Metal.
Pero en estos momentos Hammerfall, y lamento decirlo, han perdido su ADN. Es una banda que está buscando una nueva identidad, y no está encontrando la tecla adecuada para reciclarse. Han pasado de cantarles a los guerreros, dragones y mazmorras con un habilidad extrema, a presentarnos un disco cuya portada y algunas canciones van sobre zombies. Y lo que es peor, quieren introducir nuevos matices en su música pero sin saber cómo.
No penséis que "Infected" es un mal disco, porque no lo es. Tiene algunos momentos brillantes, pero sólo son aquellos en los que el grupo muestra parte de lo que saben hacer, ese Metal rápido, épico, de melodías pegadizas y coros monumentales. El resto de variaciones no aportan apenas nada positivo. Es una lástima que los dos líderes de Hammerfall, Joacim Cans y Oskar Dronjak no sean capaces de reciclarse, pero peor es que nadie les diga que lo que hacían antes lo bordaban. En términos generales, este nuevo disco se queda por detrás del anterior "No sacrifice, no victory", y eso es preocupante, sobre todo sabiendo que en 2012 celebrarán su 25º aniversario, y que el festival de Wacken ya les ha reservado un lugar privilegiado de su próxima edición.
En honor a la verdad, Hammerfall nunca ha sido una banda que se haya distinguido porque sus componentes fueran virtuosos en la ejecución de sus instrumentos, pero no les hacía falta. Elaboraban Heavy claro, puro, limpio y auténtico. Y no pedíamos más. Ahora, cuando se escucha la intro de zombies que abre el trabajo y se da paso al primer tema, con un riff pesado de ritmo medio, uno percibe que algo no va bien.
"B.Y.H." (Bang your head) es una canción-himno sobre el Metal, como su nombre indica, que apunta maneras, pero que no se acerca a sus mejores composiciones. Soy consciente de que jamás alcanzarán las cotas de sus primeros trabajos, pero en este "Infected" hay momentos ciertamente desalentadores. Algunos de ellos están en el primer single, "One more time", cuya base principal es tan simple que asusta. Es de esas canciones que parece buscar algo nuevo en su música, pero que encalla estrepitosamente. Al mismo tiempo tiene parte de lo que Hammerfall cosechó con éxito, y eso la salva en parte.
De lo mejor, "The outlaw", rápida, directa y eficaz. Al igual que "Día de los muertos", que musicalmente es interesante, también cañera y potente, pero que chirría por su temática, que no encaja para nada en la tradición de Hammerfall. Entre lo peor, las primeras canciones del disco por las pocas satisfacciones que nos dan cuando esperamos más, o "I refused", que empieza con un riff magnético, fantástico, para acabar disolviéndose poco a poco en un estribillo pobre. Una verdadera lástima porque sus primeros compases hacen vibrar de verdad. "Redemption" cierra el trabajo y es una pieza prescindible, como "Let's get it on", que lamentablemente no aportan nada.
No falta la típica balada, en esta ocasión íntegramente acústica, "Send me a sign", un buen momento de pausa, que no contribuye a salvar un disco que muestra una senda preocupante para Hammerfall, de falta de ideas y de desacierto al tratar de plasmar algunas nuevas. En conjunto se queda en un quiero y no puedo un tanto decepcionante, que a buen seguro sabrán salvar en directo, porque a pesar de este bache, cuentan con un repertorio que ya quisieran muchas bandas. No perdamos la fe y esperamos que mantengan el lugar que les corresponde en el Heavy Metal.
sábado, 27 de agosto de 2011
Crítica del primer disco de Hikara
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| Portada y contraportada del primer disco de Hikara |
La ejecución es elegante, y la voz femenina que lidera a la banda aporta un ingrediente de distinción muy interesante. Descataría también las guitarras, tanto en sus partes acústicas, que son bastantes, como en las más duras, donde hay pasajes que recuerdan a los Metallica más clásicos. Sin duda, este disco de Hikara me ha sorprendido para bien.
Se abre con un tema de más de 7 minutos nada menos titulado "Ametsetan", en el que ya dan muestra de lo que son capaces. Un tema acústico que en su parte intermedia tiene un ritmo jazz absolutamente sorprendente. El registro varía en "7:30", donde aparecen las guitarras eléctricas, aún sin endurecerse del todo, para ofrecernos un Funk-Rock bastante bailable en cuyo estribillo la voz de Aroa se ve arropada por coros femeninos.
Esta primera parte del trabajo, que se compone de 12 temas y unos 65 minutos de duración, insiste en la vía más pausada con "Ekaitzaren islada", otra canción de más de seis minutos, en los que más que Rock hay ritmos de ascendencia negra: Blues y jazz, pero abiertos a una especie de improvisación con sentido en la que a veces te preguntas si han cambiado de canción o sigue siendo la misma. La verdad es que no es usual que un grupo en su primer disco ofrezca una música de tanta complejidad compositiva. No es difícil de escuchar como algunas bandas de progresivo, supongo que es muy difícil de componer y ejecutar.
La tendencia se empieza a modificar a partir de "Zoratuta". Ahí aparecen las guitarras más potentes para irse mezclando con una Aroa cuyo estilo de cantar consigue dirigir los cambios de ritmo y estilo que hacen en todos y cada uno de los temas.
El trabajo se ha grabado en Eibar, en los estudios Legarre, con Ander Barriuso, y la escasez de medios perjudica en mi opinión sobre todo a la base rítmica, que no debiera pasar tan desapercibida, pues en esta fusión de estilos es clave. Habrá que seguirles la pista en el futuro para comprobar si continúan explorando tantas posibilidades musicales como hacen en esta primera entrega, o si, por el contrario, deciden centrarse en un solo objetivo.
De la parte más pausada destacaría "Marrazkiak" con su bella melodía, y de la parte más Hardrockera es muy interesante la instrumental "Tresnak" o la monumental "Bihotz beltzak" que cierra el trabajo, con diez minutos y medio de canción que sintetizan a la perfección lo que son Hikara a día de hoy: acústico, funky, Rock duro, Metal, Jazz y otra vez Metal en un escorzo que a veces parece imposible.
Como veis, esta banda es una verdadera caja de sorpresas. No sabes con qué vas a encontrar en cada momento, y eso nos ayuda a recordar que, por mucho que digan los más catastrofistas, no todo está inventado!
martes, 23 de agosto de 2011
Crítica de "Between the devil & the red blue sea" de Black Stone Cherry 8/10
Está claro que esto no son los años 80, y que el buen Hard Rock no ha atravesado un momento tan dulce como aquel desde entonces, así que cuando aparece en escena una banda que aplica esa receta con maestría los seguidores del género no podemos más que rendirnos y dejarnos llevar por sus ritmos. Black Stone Cherry, un joven combo de Edmonton (Kentucky, Estados Unidos) es uno de esos grupos que parecen ir contra la historia y contra la dirección mayoritaria del Rock N' Roll. Con su tercera publicación insisten en un Hard Rock melódico con toques sureños y profundamente yankees para reivindicar un estilo que, aunque no lo parezca, sigue teniendo muchísimos seguidores.
En su país son bastante conocidos, y aunque no se han trabajado convenientemente Europa, sí han dado muestras de su hacer en festivales como el Download. Creo que en España sólo se han dejado ver por el Metalway y poco más. Si les conoces, esta nueva entrega es más y mejor de lo mismo. Y si no, ya va siendo hora de que les des una oportunidad. Este tercer disco quizás destaque por un tono un tanto más potente en el conjunto, hay más temas duros que en sus dos anteriores trabajos, lo que obliga a reforzar voces, guitarras e incluso la batería, que hasta ahora pasaba bastante desapercibida en la música de Black Stone Cherry.
Sus letras tienen un sabor a familia, amor, amigos y diversión que ya han ensayado con anterioridad y que le dan un cariz realmente emotivo a su música, como el medio tiempo "Won't let go" o la bellísima balada final "All I'm dreaming of" ("Todos mis sueños son buenos tiempos, buenos amigos y alguien a quien amar, sin miedos, sin lágrimas/ Todo lo que sueño es una casa en la colina y alguien a quien amar, lo que sueño es que brille el sol y cielos azules ahí arriba"). He de confesar que estos chicos tienen la tecla mágica de la emoción entre sus virtudes, y que hay canciones que consiguen estremecer, como ya hicieron con otras composiciones como "Things my father said" o "Hell and high water"
Los pilares de la banda son la voz del cantante y guitarrista Chris Robertson, con un timbre sumamente peculiar y reconocible, que domina bastante bien ya sean canciones duras y rápidas, medios tiempos o baladas, que de todo hay, y unas guitarras poderosas que por momentos se acercan al Metal sin complejos, y en otras ocasiones parecen seguir la senda de Lynyrd Skynyrd.
Las dos primeras, "White trash millionaire" y "Killing floor" son dos temas cañeros que ya apuntan la dirección del trabajo y que ya te hacen pensar que no te has equivocado con ellos. "Blame it on the boom boom", "Change" y "Let me see you shake" son de lo más duro de un álbum que luego exprime el Rock más americano en "Like I roll", con esas referencias a viejas guitarras, a los Rolling Stones sonando en la radio y al sol de California. ¿A que os suena todo eso? En total son 12 nuevas canciones más 3 extras ("Staring at the mirror", "Fade away" y "Die for you").
"Between the devil & the red blue sea" es una buenísima continuación a "Folklore & superstition" y "Black stone cherry", y en él se puede apreciar el talento de estos jóvenes que además se caracterizan también por una constancia en el trabajo que seguramente les llevarán a derribar cada vez más barreras, sin olvidar que cuentan desde el principio con la cobertura de Roadrunner records, algo que no todos pueden decir. Grupos así mantienen vivo al Hard Rock clásico.
En su país son bastante conocidos, y aunque no se han trabajado convenientemente Europa, sí han dado muestras de su hacer en festivales como el Download. Creo que en España sólo se han dejado ver por el Metalway y poco más. Si les conoces, esta nueva entrega es más y mejor de lo mismo. Y si no, ya va siendo hora de que les des una oportunidad. Este tercer disco quizás destaque por un tono un tanto más potente en el conjunto, hay más temas duros que en sus dos anteriores trabajos, lo que obliga a reforzar voces, guitarras e incluso la batería, que hasta ahora pasaba bastante desapercibida en la música de Black Stone Cherry.
Sus letras tienen un sabor a familia, amor, amigos y diversión que ya han ensayado con anterioridad y que le dan un cariz realmente emotivo a su música, como el medio tiempo "Won't let go" o la bellísima balada final "All I'm dreaming of" ("Todos mis sueños son buenos tiempos, buenos amigos y alguien a quien amar, sin miedos, sin lágrimas/ Todo lo que sueño es una casa en la colina y alguien a quien amar, lo que sueño es que brille el sol y cielos azules ahí arriba"). He de confesar que estos chicos tienen la tecla mágica de la emoción entre sus virtudes, y que hay canciones que consiguen estremecer, como ya hicieron con otras composiciones como "Things my father said" o "Hell and high water"
Los pilares de la banda son la voz del cantante y guitarrista Chris Robertson, con un timbre sumamente peculiar y reconocible, que domina bastante bien ya sean canciones duras y rápidas, medios tiempos o baladas, que de todo hay, y unas guitarras poderosas que por momentos se acercan al Metal sin complejos, y en otras ocasiones parecen seguir la senda de Lynyrd Skynyrd.
Las dos primeras, "White trash millionaire" y "Killing floor" son dos temas cañeros que ya apuntan la dirección del trabajo y que ya te hacen pensar que no te has equivocado con ellos. "Blame it on the boom boom", "Change" y "Let me see you shake" son de lo más duro de un álbum que luego exprime el Rock más americano en "Like I roll", con esas referencias a viejas guitarras, a los Rolling Stones sonando en la radio y al sol de California. ¿A que os suena todo eso? En total son 12 nuevas canciones más 3 extras ("Staring at the mirror", "Fade away" y "Die for you").
"Between the devil & the red blue sea" es una buenísima continuación a "Folklore & superstition" y "Black stone cherry", y en él se puede apreciar el talento de estos jóvenes que además se caracterizan también por una constancia en el trabajo que seguramente les llevarán a derribar cada vez más barreras, sin olvidar que cuentan desde el principio con la cobertura de Roadrunner records, algo que no todos pueden decir. Grupos así mantienen vivo al Hard Rock clásico.
domingo, 21 de agosto de 2011
Crítica de "Sounds of a playground fading" de In flames 7'5/10
La caverna del Metal vuelve a actuar, y esta vez dirige sus iras contra los suecos In flames. Inexplicablemente, sigue existiendo gente incapaz de entender las evoluciones naturales de aquellas bandas que se niegan a ser como AC/DC, es decir, a hacer el mismo disco una y otra vez, década tras década. Los mismos discos, los mismos repertorios, las mismas poses. In flames comenzaron haciendo esa aparente contradicción que es la etiqueta "Death melódico". Si es Death, no puede ser melódico. Desde entonces, fueron creciendo y ancheando sus propuestas sonoras hasta llegar aquí.
Me encantó "A sense of purpose", su anterior entrega, y no tenía unas expectativas tan altas para este "Sounds of a playground fading". Me ha sorprendido para bien, a pesar de la carga de negatividad que he leído en prensa especializada, foros y webs varias contra este trabajo. Me parece un gran disco, que corona una trayectoria llena de vericuetos, idas y venidas, siempre atrevidas y musicalmente atractivas.
Un ejemplo: en la Kerrang! número 213 el vocalista Anders Friden se queda atónito al escuchar la primera invectiva del periodista que le interroga: "Enhorabuena, ya sois los nuevos Metallica". Por favor, Metallica erraron de cabo a rabo en su intento de evolución, Fracasaron estrepitosamente con tres discos a cual peor: "Load", "Reload" y "St Anger". Comparar eso a los cambios musicales de In flames es muy desacertado. Una cosa es reblandecer el sonido y otra muy distinta es hacer malas canciones. ¿Tienen que cada hacer un "Colony" cada dos años? No lo creo, y además aplaudo que no lo hagan. "Sounds of a playground fading" ha sido número 1 en Alemania, pero aquí los críticos de las webs metaleras más leídas le han dado un 4 sobre 10.
Para comenzar, diremos que falta el guitarrista y miembro fundador Jesper Stromblad, que se ha recluido oara tratar de superar su adicción al alcohol. Él era pieza clave en las composiciones, que ahora han recaído en el propio Anders Friden, quien se ha cortado las rastas para alimentar las suspicacias de los más intransigentes, y en Bjorn Gelotte, el otro guitarra. El resultado es un disco de Metal que abraza el Metalcore sin complejos, con melodías pegadizas, lógico si se observan las direcciones que habían tomado los anteriores trabajos.
Además, hay bastantes detalles que enriquecen y engrandecen el sonido de los de Goteborg: orquestaciones en el tramo central de "A new dawn", coqueteos con Linkin Park en "Jester's door", timbres de Friden desconocidos hasta ahora en "Ropes", intros en los temas de ciertos toques progresivos, teclados apoyando las canciones... Muchos detalles que no cabían en los In flames originarios y que ahora pintan un cuadro musical verdaderamente admirable.
Todos los prejuicios que me pudieron introducir las lecturas antes mencionadas se desvanecen al poner el Cd y escuchar el tema que le da título al trabajo. Un riff poderoso, atractivo, que entra después de una breve intro calmada. Ese riff enseguida queda a merced de la poderosa voz de Anders. La primera grata impresión se traslada al segundo tema, el primer single, que gana mucho en el contexto global del disco. Es cierto que puede sonar flojo al escucharlo de manera aislada, pero "Deliver us" es un gran tema. Pero es que hay muchos: "Fear is the weakness", "A new dawn", "Darker times"... Hay mucha calidad, como siempre en In flames.
En cuanto al ambiente que lo rodea, muchos títulos son pesimistas, incluso trágicos, como en "Fear is the weakness", "Darker times", "Ropes" o "Enter tragedy", sin embargo, el final rezuma positivismo con dos canciones como "A new dawn" y "Liberation".
El tono vocal es Friden es aún muy agresivo, pero sus registros son muy variados, lo que le hace crecer como cantante. No se puede decir que las bases rítmicas sean virtuosas, o que las guitarras estremezcan, pero disparan riffs y melodías potentes, y con eso basta. Sí han podido perder un punto de velocidad, pero para nada de fiereza como se comprueba en "The puzzle" o "Enter tragedy".
Hay muy pocos grupos que puedan decir que sus discos son pasoa adelante cuando las propuestas sonoras evoluciona, cambian. In flames son uno de esos grupos. Escucha el disco abstrayéndote de todo lo demás, piensa que es un disco más de una banda desconocida, sin pensar en lo de antes si eso es lo que temes. Y entonces te gustará. Si te gusta el Metal te gustará.
Me encantó "A sense of purpose", su anterior entrega, y no tenía unas expectativas tan altas para este "Sounds of a playground fading". Me ha sorprendido para bien, a pesar de la carga de negatividad que he leído en prensa especializada, foros y webs varias contra este trabajo. Me parece un gran disco, que corona una trayectoria llena de vericuetos, idas y venidas, siempre atrevidas y musicalmente atractivas.
Un ejemplo: en la Kerrang! número 213 el vocalista Anders Friden se queda atónito al escuchar la primera invectiva del periodista que le interroga: "Enhorabuena, ya sois los nuevos Metallica". Por favor, Metallica erraron de cabo a rabo en su intento de evolución, Fracasaron estrepitosamente con tres discos a cual peor: "Load", "Reload" y "St Anger". Comparar eso a los cambios musicales de In flames es muy desacertado. Una cosa es reblandecer el sonido y otra muy distinta es hacer malas canciones. ¿Tienen que cada hacer un "Colony" cada dos años? No lo creo, y además aplaudo que no lo hagan. "Sounds of a playground fading" ha sido número 1 en Alemania, pero aquí los críticos de las webs metaleras más leídas le han dado un 4 sobre 10.
Para comenzar, diremos que falta el guitarrista y miembro fundador Jesper Stromblad, que se ha recluido oara tratar de superar su adicción al alcohol. Él era pieza clave en las composiciones, que ahora han recaído en el propio Anders Friden, quien se ha cortado las rastas para alimentar las suspicacias de los más intransigentes, y en Bjorn Gelotte, el otro guitarra. El resultado es un disco de Metal que abraza el Metalcore sin complejos, con melodías pegadizas, lógico si se observan las direcciones que habían tomado los anteriores trabajos.
Además, hay bastantes detalles que enriquecen y engrandecen el sonido de los de Goteborg: orquestaciones en el tramo central de "A new dawn", coqueteos con Linkin Park en "Jester's door", timbres de Friden desconocidos hasta ahora en "Ropes", intros en los temas de ciertos toques progresivos, teclados apoyando las canciones... Muchos detalles que no cabían en los In flames originarios y que ahora pintan un cuadro musical verdaderamente admirable.
Todos los prejuicios que me pudieron introducir las lecturas antes mencionadas se desvanecen al poner el Cd y escuchar el tema que le da título al trabajo. Un riff poderoso, atractivo, que entra después de una breve intro calmada. Ese riff enseguida queda a merced de la poderosa voz de Anders. La primera grata impresión se traslada al segundo tema, el primer single, que gana mucho en el contexto global del disco. Es cierto que puede sonar flojo al escucharlo de manera aislada, pero "Deliver us" es un gran tema. Pero es que hay muchos: "Fear is the weakness", "A new dawn", "Darker times"... Hay mucha calidad, como siempre en In flames.
En cuanto al ambiente que lo rodea, muchos títulos son pesimistas, incluso trágicos, como en "Fear is the weakness", "Darker times", "Ropes" o "Enter tragedy", sin embargo, el final rezuma positivismo con dos canciones como "A new dawn" y "Liberation".
El tono vocal es Friden es aún muy agresivo, pero sus registros son muy variados, lo que le hace crecer como cantante. No se puede decir que las bases rítmicas sean virtuosas, o que las guitarras estremezcan, pero disparan riffs y melodías potentes, y con eso basta. Sí han podido perder un punto de velocidad, pero para nada de fiereza como se comprueba en "The puzzle" o "Enter tragedy".
Hay muy pocos grupos que puedan decir que sus discos son pasoa adelante cuando las propuestas sonoras evoluciona, cambian. In flames son uno de esos grupos. Escucha el disco abstrayéndote de todo lo demás, piensa que es un disco más de una banda desconocida, sin pensar en lo de antes si eso es lo que temes. Y entonces te gustará. Si te gusta el Metal te gustará.
domingo, 6 de febrero de 2011
Crítica de "Diary of a mad band. Europe in the year of VI" de Down (Cd + DVD) 8/10
Supongo que los seguidores habituales de este blog, cada vez con menos actividad, sí, lo sé, pero el tiempo da para lo que da, sabréis que si pongo un disco en el primer puesto de la lista es porque es un buen disco. Este, por supuesto, lo es, y no estamos ante una de mis bandas favoritas, al menos en estudio. Down me han resultado más bien pesados en las escuchas largas. Pero cuando les vi en directo (Barcelona, Sonisphere, 2009), cambió mi percepción. Ya sabía que eran furiosos, potentes e iracundos, pero en directo todo cambia.
Las canciones ganan en amplitud, es difícil de explicar, el sonido se expande de una forma sorprendente y, aunque los ritmos no son excesivamente rápidos, Down parecen más rápidos y más duros todavía. Pero si hay algo que sobresale en esta banda, donde confluyen miembros de otras bandas importantes (Corrosion of conformity, Pantera...), es la presencia inimitable y totalmente magnética de Phil Anselmo. El cantante sigue siendo un torrente metalero, pero en este directo apreciamos el cambio de personalidad que ha vivido tras el fallecimiento de Dimebag Darrell y su abandono del alcohol y otros excesos. Anselmo se dirige al público entre tema y tema con mucho cariño y agradecimiento, y no para de repetir "I love you", "absolutly badass" y otros términos de aprecio, en lugar de tacos e improperios propios de otros tiempos.
También os quería hacer otra pregunta que me sirve para centrar en la importancia de este disco: ¿Cuál es el último disco en directo bueno que habéis oído? No hay muchos últimamente, eh! Incluso el de Dio en Donington no es capaz de transmitir lo que Dio transmitía en directo. Es posible que si no sois seguidores de Down las primeras escuchas os resulten algo espesas, pero poco a poco irá creciendo.
Sin duda, hay algunos temas absolutamente apoteósicos, empezando por "Lifer", dedicada a Dimebag Darrell y a todos los amigos que Phil ha perdido en el camino, y en la que el cantante se deja las cuerdas vocales, "Ghosts along the Mississippi" con el excelente riff de inicio de Kirk Windstein, "New Orleans is a dying whore" (qué arranque tan brutal!), "Eyes of the south" o la deseada "Bury me in smoke". Vosotros mismos.
Pero este grupo no es sólo Anselmo, ya sabéis. El otro comandante, en mi opinión, y así lo observo en el DVD, es Kirk, ese calvo barbudo que uno no sabe muy bien si ha salido de El señor de los anillos o, peor aún, de He-Man. Ni idea, pero su guitarra suena a gloria, siempre en el momento adecuado, siempre en el tono adecuado. Relega bastante a Peeper Keenan y a Rex Brown sobre la escena. Todos estos detalles pueden apreciarse en el DVD que acompaña al doble Cd en la edición de lujo (cualquier cosa que venden por más de 20 euros ahora se llama de lujo, en un forma de decirte "sí, ya sabemos que eres de los pocos gilipollas que paga por esto, así que al menos consuélate).
La versión audiovisual ofrece algunas versiones distintas de los temas que aparecen en disco (grabados en el Reino Unido, Alemania, Holanda, Francia, Suecia, Irlanda o Noruega), canciones extra y un semidocumental que muestra imágenes de la banda en su local de ensayo, en sus backstages, etc. Tampoco es el documento del siglo, pero ayuda a comprobar que Down es, sobre todo, una banda cuyo público es muy militante. Se percibe una conexión especial con la banda, una entrega poco usual; eso ayuda a que las audiencias estén muy presentes en todos los temas, y eso a pesar de que algunso recintos no eran especialmente masivos.
Buen disco en directo, cosa difícil de encontrar hoy por hoy. Y paso adelante de Down. Deberían venir pero ya!
jueves, 4 de noviembre de 2010
Crítica de "Clockwork" de Angelus Apatrida 9/10
Da gusto reencontrarse con el Metal más feroz descubriendo a una nueva banda. No es que Angelus Apatrida sean nuevos en el negocio, que para nada, sus kilómetros llevan encima estos manchegos, sólo que, como he confesado otras veces, es ahora cuando me he parado a prestarles la debida atención. Su nuevo trabajo “Clockwork”, que hace el tercero en apenas cuatro años, es un verdadero puñetazo en los morros, que combina furia y calidad a partes iguales, haciendo de la banda el mejor exponente del Thrash Metal peninsular.
A estas alturas todos habréis oído hablar de ellos, pues han logrado ya algunas portadas en medios especializados que sólo suelen dedicar tal honor a Mago de Oz y, si hay algún acontecimiento excepcional, a Los Suaves y Barón Rojo. En poco tiempo pueden alcanzar una relevancia internacional semejante a la que tienen, por ejemplo, Hamlet que llevan más tiempo girando por otros países, aunque también es cierto que Angelus cantan en inglés, y eso les abrirá más puertas. Su nuevo trabajo lo edita Century Media, todo un referente del Metal mundial, y han tocado, gracias a su proyección, con bandas como Arch Enemy o Warbringer, y actualmente se encuentran recorriendo España en una gira que les está reportando aún más fama y, sobre todo, comentarios muy buenos.
¿Qué encontramos en “Clockwork”? Realmente es un disco de Thrash, pero el concepto se me queda estrecho para definir las sonoridades que ofrecen Guillermo Izquierdo, David G. Álvarez, Víctor Valera y José J. Izquierdo. Eminentemente es Thrash, sí, pero hay muchos más ingredientes aquí, desde un Heavy Metal clásico en algunos pasajes (no parece casualidad que cierren el disco con una versión del “Be quick or be dead”), hasta cambios de ritmo inclasificables. Ellos mismos se autodefinen como herederos de la escena clásica de la Bay Area, y no les llevaré la contraria yo, porque aprecio muchas influencias de Mustaine en la voz (¿No parece que canta él en “National disgrace”, por ejemplo?) y también inspiraciones de Dave Lombardo y toda la artillería de los Slayer más cañeros.
El Cd se compone de 13 temas que se pasan volando, pues en ningún momento caen en la repetición. El Thrash es un estilo muy poco tendente a la creatividad, de manera que hay discos que enseguida se hacen largos no por duración, sino por pura repetición de esquemas en un tema tras otro. Creo, por tanto, que la gran riqueza de este “Clockwork” es la variedad.
En el resultado final es clave la producción (esa cosa de la que hablan todas las revistas y que casi nadie sabe muy qué es). Daniel Cardoso quizás podía haberlo hecho mejor, pero no se me ocurre muy bien cómo. El sonido es limpio, directo, sin sobresaltos, sin instrumentos que se superpongan: las guitarras están donde y como deben, y la base rítmica exactamente igual. Por último, al cantante se le entiende, cosa que no ocurre en todos los discos del estilo. Atención a este chico, que tiene apenas 29 años, y además de ser músico ha producido decenas de álbumes.
Desmenuzando las piezas, diré que “Clockwork” se abre con una intro precisamente de reloj que da paso a unas guitarras que ya amenazan tormenta. Enseguida se presenta el cortante riff de “Blast off”, y con él el primer alarido de guerra de Guillermo Izquierdo. El tema es rápido, cubierto por una fantástica batería, y el aroma está a medio entre Megadeth y los Kreator más inspirados. Los decibelios siguen bien altos con “Of men and tyrants”, donde la rapidez es lo más notable, junto con una voz llevada al límite.
Sin embargo, ya en la que da título al disco se aprecia una mayor variedad, con más cambios de ritmo aunque sin dejar en ningún momento la furia, especialmente en la parte central del solo, que es pura esencia thrasher. La variedad queda más clara en temas como “The misanthropist” o “One side one war”, cuya columna vertebral es puro Heavy Metal llevado al extremo, y que, en mi humilde opinión, conforman dos de las mejores piezas del trabajo.
Un trabajo que se corona, como decía, con una lograda versión del “Be quick or be dead” de Iron Maiden, una canción muy thrasheable, por otra parte. Creo que estamos ante un trabajo clave para entender el devenir musical de este país en los próximos años, porque Angelus Apatrida se sitúan con él en el pódium de las mejores bandas. Su salto internacional a gran escala confirma que quien les ha escuchado ha descubierto algo en ellos, y ya sólo me falta comprobar que en directo son igual de buenos que en disco.
No es sólo para fans del género, “Clockwork” es un gran disco digno de ser probado por cualquier paladar metalero que se precie. Por una vez hemos de felicitarnos ante el hecho de que una banda española con las ideas claras (y buenas) y con talento sea descubierta antes de que se disuelva. Aprovechen la oportunidad, no ocurre casi nunca.
A estas alturas todos habréis oído hablar de ellos, pues han logrado ya algunas portadas en medios especializados que sólo suelen dedicar tal honor a Mago de Oz y, si hay algún acontecimiento excepcional, a Los Suaves y Barón Rojo. En poco tiempo pueden alcanzar una relevancia internacional semejante a la que tienen, por ejemplo, Hamlet que llevan más tiempo girando por otros países, aunque también es cierto que Angelus cantan en inglés, y eso les abrirá más puertas. Su nuevo trabajo lo edita Century Media, todo un referente del Metal mundial, y han tocado, gracias a su proyección, con bandas como Arch Enemy o Warbringer, y actualmente se encuentran recorriendo España en una gira que les está reportando aún más fama y, sobre todo, comentarios muy buenos.
¿Qué encontramos en “Clockwork”? Realmente es un disco de Thrash, pero el concepto se me queda estrecho para definir las sonoridades que ofrecen Guillermo Izquierdo, David G. Álvarez, Víctor Valera y José J. Izquierdo. Eminentemente es Thrash, sí, pero hay muchos más ingredientes aquí, desde un Heavy Metal clásico en algunos pasajes (no parece casualidad que cierren el disco con una versión del “Be quick or be dead”), hasta cambios de ritmo inclasificables. Ellos mismos se autodefinen como herederos de la escena clásica de la Bay Area, y no les llevaré la contraria yo, porque aprecio muchas influencias de Mustaine en la voz (¿No parece que canta él en “National disgrace”, por ejemplo?) y también inspiraciones de Dave Lombardo y toda la artillería de los Slayer más cañeros.
El Cd se compone de 13 temas que se pasan volando, pues en ningún momento caen en la repetición. El Thrash es un estilo muy poco tendente a la creatividad, de manera que hay discos que enseguida se hacen largos no por duración, sino por pura repetición de esquemas en un tema tras otro. Creo, por tanto, que la gran riqueza de este “Clockwork” es la variedad.
En el resultado final es clave la producción (esa cosa de la que hablan todas las revistas y que casi nadie sabe muy qué es). Daniel Cardoso quizás podía haberlo hecho mejor, pero no se me ocurre muy bien cómo. El sonido es limpio, directo, sin sobresaltos, sin instrumentos que se superpongan: las guitarras están donde y como deben, y la base rítmica exactamente igual. Por último, al cantante se le entiende, cosa que no ocurre en todos los discos del estilo. Atención a este chico, que tiene apenas 29 años, y además de ser músico ha producido decenas de álbumes.
Desmenuzando las piezas, diré que “Clockwork” se abre con una intro precisamente de reloj que da paso a unas guitarras que ya amenazan tormenta. Enseguida se presenta el cortante riff de “Blast off”, y con él el primer alarido de guerra de Guillermo Izquierdo. El tema es rápido, cubierto por una fantástica batería, y el aroma está a medio entre Megadeth y los Kreator más inspirados. Los decibelios siguen bien altos con “Of men and tyrants”, donde la rapidez es lo más notable, junto con una voz llevada al límite.
Sin embargo, ya en la que da título al disco se aprecia una mayor variedad, con más cambios de ritmo aunque sin dejar en ningún momento la furia, especialmente en la parte central del solo, que es pura esencia thrasher. La variedad queda más clara en temas como “The misanthropist” o “One side one war”, cuya columna vertebral es puro Heavy Metal llevado al extremo, y que, en mi humilde opinión, conforman dos de las mejores piezas del trabajo.
Un trabajo que se corona, como decía, con una lograda versión del “Be quick or be dead” de Iron Maiden, una canción muy thrasheable, por otra parte. Creo que estamos ante un trabajo clave para entender el devenir musical de este país en los próximos años, porque Angelus Apatrida se sitúan con él en el pódium de las mejores bandas. Su salto internacional a gran escala confirma que quien les ha escuchado ha descubierto algo en ellos, y ya sólo me falta comprobar que en directo son igual de buenos que en disco.
No es sólo para fans del género, “Clockwork” es un gran disco digno de ser probado por cualquier paladar metalero que se precie. Por una vez hemos de felicitarnos ante el hecho de que una banda española con las ideas claras (y buenas) y con talento sea descubierta antes de que se disuelva. Aprovechen la oportunidad, no ocurre casi nunca.
martes, 2 de noviembre de 2010
Crítica de "The final frontier" de Iron Maiden 6/10
¿Qué valor tiene hacer la crítica de un disco que salió a mediados de agosto y que todo el mundo ha escuchado? ¿Qué puedo aportar que no hayan aportado otros? Sinceramente, no mucho, pero si me decido a hacerlo es porque creo que en su momento hubo una carrera entre bloggers, periodistas y críticos varios por ver quién comentaba el disco más y más ampliamente, sin reparar en que este trabajo es muy difícil. O, dicho de otro modo, no es disco sencillo de escuchar, tiene tal cantidad de ritmos y matices que con cuatro o cinco veces que lo escuches es imposible de valorar.
El referentes más cercano y parecido, que es "A matter of life and death", es también largo, farragoso por momentos y complejo, pero cada vez que lo oigo aún aprecio elementos novedosos, algunos de ellos muy importantes, muy interesantes y que no encontré las primeras veces que me lo llevé a las orejas. También sé que este disco ha sido número 1 en más de veinte países, y que eso podría ser indicativo de calidad. Entonces, ¿Qué me parece? ¿Bueno, malo, mejor que en anterior, peor? Haré unas cuantas constataciones.
1. Creo que Iron Maiden son una banda extremadamente viva, con agallas o como se llame eso, audaz y, sobre todo, libre. Sólo así se puede entender que, con lo sencillo que sería repetir los patrones que les han llevado hasta lo más alto del Olimpo metalero, estén marcándose discos largos y poco agradecidos.
2. Este primer punto tiene una contrapartida negativa: cada año que pasa hay mayor desajuste entre lo que Maiden ofrecen y lo que sus fans demandan. Se puede abrir una sima, porque este no es el disco que queríamos. Tampoco lo fue "No prayer for the dying" o algún otro, que no pretendo decir que estemos ante el primer disco no demandado por los seguidores, pero sí constato que van, al menos, en una dirección que no es la que los seguidores clásicos queremos. "Dance of death", "A matter of life and death" y "The final frontier" suponen una trilogía cuyas partes no están en ninguna lista de los 10 favoritos de nadie que aprecie a Maiden.
Dicho esto, concluyo que han hecho el disco que querían, lo cual puede ser positivo por la fe que tienen en su música. Pero muchos queremos otra cosa, con más carácter, con mayor identidad clásica, más rápido, más cañero. Más Maiden, en definitiva.
Sobre el contenido, como decía, se ha escrito mucho. Los temas son largos, con intros lentas y largas que, por mucho que me cuenten, no tienen ningún sentido musical más allá de dar respiros al grupos cuando los interpreten en directo. Porque yo creo que lo que subyace es eso, que por razones de edad evidentes no pueden aguantar la interpretación de temas directos durante más de dos horas sin perder nivel. Ojalá me equivoque y el próximo disco me desengañe.
"The final frontier" se abre con una intro larga, de más de cuatro minutos y medio, que tampoco tiene una lógica o un sentido en el conjunto. Simplemente hay que saltársela. Enlazada viene una de las mejores piezas del disco, la que le da título. Un tema directo, con estribillo memorable para abrir conciertos, para corear. ¿Destacaría en otros discos que tengan un tgono más elevado? Creo que sí, una cosa no quita a la otra. Gran trabajo vocal de Bruce Dickinson, que suena directo y limpio, a diferencia de otros temas en los que le veo forzando innecesariamente. Las guitarras tienen ese magnetismo maideniano tan delicioso, con dos solos superpuestos muy clásicos.
The Final Frontier - Director's Cut
Iron Maiden
Myspace Music Videos
"El Dorado" quiere mantener el ritmo elevado, pero no lo consigue. Es un tema heavy de segunda fila, que comienza a cabalgar a lomos del bajo de Steve Harris, pero que se va desinflando a partir del puente para llegar a un estribillo que en nada se puede comparar a otras canciones clásicas del grupo. Se deja escuchar, pero sabe a poco, a pesar de que el solo le da de nuevo vivacidad a la canción.
A partir de este inicio más contundente, el disco se va diluyendo por derroteros que yo, sinceramente, no he sabido apreciar, pero no por no haberlos buscado, sino porque no me hacen vibrar. Es así de simple. El Heavy Metal es así, lo vives o no lo vives. Y las canciones que vienen en adelante son prescindibles si no fuera por el contexto histórico en el que se mueve un gran grupo como Iron Maiden.
"Mother of mercy" empieza con esa introducción lenta, con guitarra, bajo y voz, para llegar a un crescendo (tras minuto y medio) interesante, pero que parece ir a cámara lenta si se compara con muchas de las canciones de "Brave new world" (para que veais que no siempre me remonto a los discos de los '80). Veo a Dickinson forzado, como pudiendo dar más de su garganta, como si el subconsciente le pidiera unos kilómetros más de velocidad guitarrera. La siguiente, "Coming home", tercer single, es muy parecida, tanto que han decidido ahorrarse la intro lenta para disimular, aunque los interludios son baladísticos, con lo cual me ha costado diferenciarla de su antecesora y hacerme con el título. No descalifico lo que es una buena canción, sólo que me vuelve a saber a poco.
"The alchemist" intenta hacer vibrar de nuevo con su rapidez. Es una canción directa, la más corta de todo el disco (una anécdota comparada con otras), de 4:29. Si me preguntáis una virtud de ella, qué destacaría, no sabría que deciros. Un riff tímido, por decirlo de alguna manera, abre fuego junto a una batería rápida hasta que entra Bruce con un tono medio-bajo que me remonta a "Dance of death", con lo que ello supone. El puente hacia el estribillo es lo más interesante, pero vuelvo a notar carencias. Vuelvo a constatar que son capaces de más. De mucho más.
Cuando decía que ha habido gente que se apresuró a escribir sobre este disco lo digo porque muchos críticos bautizaron a "Isle of Avalon" como uno de los mejores del trabajo. No estoy de acuerdo. Me parece un tema plomizo, con muy pocas partes salvables. Considero que ha habido un intento por entrar en nuevas texturas sonoras pero no han acertado. Veo unas notas de influencia asiática muy poco exprimidas. "Sólo" son 9 minutos de canción, aunque sí salvo algunos pasajes intermedios que me parecen muy interesantes musicalmente. Aún así, por duración, propuesta y desarrollo me parece la canción más floja del disco.
No así "Starblind", que siendo otra pieza larga, de casi ocho minutos sí muestra una inspiración, con muy buen despliegue vocal de Bruce y unos cambios de ritmo que hacen de la canción un momento muy interesante. Exactamente igual que lo que sucede con "The talisman", que va del ritmo terpidante que marca Harris a las paradinhas guitarreras en las que los tres hachas se turnan para mostrar su catálogo creativo. Son dos canciones que suben bastante la media del disco.
La recta final tiene los dos temas más largos, con 8 y 11 minutos cada uno. "The man who would be king" no está mal, pero convierte a "The final frontier" en un disco repetitivo tanta canción larga con el mismo patrón: intro lenta - crescendo - puente - estribillo - solo y a la inversa repetición del proceso. ¿Son malas canciones? No, en general, pero se echa de menos que se rompa el ritmo, que haya contundencia cuando parece que va a haberla. Encuentro demasiados "riffs interruptus", demasiado amago. Y eso no es bueno en un disco de Iron Maiden.
Eso sí, la canción final es una verdadera joya. Para mí el clásico del disco. 11 minutos de gloria metalera maideniana. ¿Causalidad? No, no debe de ser casualidad que el compositor haya sido Steve Harris en solitario. Lo siento por los demás, pero es así. "Where the wild wind blows" es un auténtico muestrario de lo que este grupo es capaz de hacer cuando se lo propone. Es cierto que el esquema repetitivo de todas las canciones se vuelve a dar aquí, pero hay una diferencia abismal, la composición está basada en la trayectoria clásica del grupo, y puedo asegurar que los 11 minutos no se hacen para nada largos.
Un sonido de viento invernal abre una pieza que puede resultar en directo tan emocionante como "Hallowed be thy name". Unas guitarras lentas, con el bajo del jefe dirigiendo la operación, le dejan paso a un Dickinson que abre su garganta en canal para trasladarnos a los mejores momentos de su carrera. Su ritmo monta la melodía musical con un dominio insultante. El tema avanza y sabes que va a explotar, que viene... Y llega más de dos minutos después, sin una velocidad vertigonosa porque no hace falta. Las guitarras suenan heavies, y Nicko cubre las espaldas de sus compañeros sin alharacas, tan efectivo como siempre.
El primer round de estrofas narradas casi más que cantadas los músicos paran. Se dan un respiro y dan paso a la creatividad, siempre con Bruce mandando. La inspiración de Harris, del gran jefe de este negocio, de ese cerebro siempre alerta, da el visto bueno a una sucesión de solos cortos cuando la canción se nos escapa de las manos. Hemos pasado el ecuador y uno sigue boquiabierto. Acaban los solos y vienen de nuevo, desafiantes, Harris y Dickinson para recordarnos que en el corazón aún tienen ese poso maideniano único, capaz de estremecer. De repente, todo pasa y vuelve el viento para que se acabe. Y yo pregunto, ¿Por qué no lo hacéis más a menudo? Sólo deseo que descarguen esta brillante canción y que me estremezca tanto como ahora que la vuelvo a tener de fondo.
¿Es un mal disco? No creo que se pueda plantear en estos términos, sólo sé que no era lo que esperábamos ni lo que queríamos y, realmente, no sé si culpar a Bruce, a Harris o a los demás, pero pueden, y deben antes de retirarse hacer otra cosa, satisfacernos. "Brave new world" se acercó mucho a eso, pero desde entonces han pasado muchos años.
El referentes más cercano y parecido, que es "A matter of life and death", es también largo, farragoso por momentos y complejo, pero cada vez que lo oigo aún aprecio elementos novedosos, algunos de ellos muy importantes, muy interesantes y que no encontré las primeras veces que me lo llevé a las orejas. También sé que este disco ha sido número 1 en más de veinte países, y que eso podría ser indicativo de calidad. Entonces, ¿Qué me parece? ¿Bueno, malo, mejor que en anterior, peor? Haré unas cuantas constataciones.
1. Creo que Iron Maiden son una banda extremadamente viva, con agallas o como se llame eso, audaz y, sobre todo, libre. Sólo así se puede entender que, con lo sencillo que sería repetir los patrones que les han llevado hasta lo más alto del Olimpo metalero, estén marcándose discos largos y poco agradecidos.
2. Este primer punto tiene una contrapartida negativa: cada año que pasa hay mayor desajuste entre lo que Maiden ofrecen y lo que sus fans demandan. Se puede abrir una sima, porque este no es el disco que queríamos. Tampoco lo fue "No prayer for the dying" o algún otro, que no pretendo decir que estemos ante el primer disco no demandado por los seguidores, pero sí constato que van, al menos, en una dirección que no es la que los seguidores clásicos queremos. "Dance of death", "A matter of life and death" y "The final frontier" suponen una trilogía cuyas partes no están en ninguna lista de los 10 favoritos de nadie que aprecie a Maiden.
Dicho esto, concluyo que han hecho el disco que querían, lo cual puede ser positivo por la fe que tienen en su música. Pero muchos queremos otra cosa, con más carácter, con mayor identidad clásica, más rápido, más cañero. Más Maiden, en definitiva.
Sobre el contenido, como decía, se ha escrito mucho. Los temas son largos, con intros lentas y largas que, por mucho que me cuenten, no tienen ningún sentido musical más allá de dar respiros al grupos cuando los interpreten en directo. Porque yo creo que lo que subyace es eso, que por razones de edad evidentes no pueden aguantar la interpretación de temas directos durante más de dos horas sin perder nivel. Ojalá me equivoque y el próximo disco me desengañe.
"The final frontier" se abre con una intro larga, de más de cuatro minutos y medio, que tampoco tiene una lógica o un sentido en el conjunto. Simplemente hay que saltársela. Enlazada viene una de las mejores piezas del disco, la que le da título. Un tema directo, con estribillo memorable para abrir conciertos, para corear. ¿Destacaría en otros discos que tengan un tgono más elevado? Creo que sí, una cosa no quita a la otra. Gran trabajo vocal de Bruce Dickinson, que suena directo y limpio, a diferencia de otros temas en los que le veo forzando innecesariamente. Las guitarras tienen ese magnetismo maideniano tan delicioso, con dos solos superpuestos muy clásicos.
The Final Frontier - Director's Cut
Iron Maiden
Myspace Music Videos
"El Dorado" quiere mantener el ritmo elevado, pero no lo consigue. Es un tema heavy de segunda fila, que comienza a cabalgar a lomos del bajo de Steve Harris, pero que se va desinflando a partir del puente para llegar a un estribillo que en nada se puede comparar a otras canciones clásicas del grupo. Se deja escuchar, pero sabe a poco, a pesar de que el solo le da de nuevo vivacidad a la canción.
A partir de este inicio más contundente, el disco se va diluyendo por derroteros que yo, sinceramente, no he sabido apreciar, pero no por no haberlos buscado, sino porque no me hacen vibrar. Es así de simple. El Heavy Metal es así, lo vives o no lo vives. Y las canciones que vienen en adelante son prescindibles si no fuera por el contexto histórico en el que se mueve un gran grupo como Iron Maiden.
"Mother of mercy" empieza con esa introducción lenta, con guitarra, bajo y voz, para llegar a un crescendo (tras minuto y medio) interesante, pero que parece ir a cámara lenta si se compara con muchas de las canciones de "Brave new world" (para que veais que no siempre me remonto a los discos de los '80). Veo a Dickinson forzado, como pudiendo dar más de su garganta, como si el subconsciente le pidiera unos kilómetros más de velocidad guitarrera. La siguiente, "Coming home", tercer single, es muy parecida, tanto que han decidido ahorrarse la intro lenta para disimular, aunque los interludios son baladísticos, con lo cual me ha costado diferenciarla de su antecesora y hacerme con el título. No descalifico lo que es una buena canción, sólo que me vuelve a saber a poco.
"The alchemist" intenta hacer vibrar de nuevo con su rapidez. Es una canción directa, la más corta de todo el disco (una anécdota comparada con otras), de 4:29. Si me preguntáis una virtud de ella, qué destacaría, no sabría que deciros. Un riff tímido, por decirlo de alguna manera, abre fuego junto a una batería rápida hasta que entra Bruce con un tono medio-bajo que me remonta a "Dance of death", con lo que ello supone. El puente hacia el estribillo es lo más interesante, pero vuelvo a notar carencias. Vuelvo a constatar que son capaces de más. De mucho más.
Cuando decía que ha habido gente que se apresuró a escribir sobre este disco lo digo porque muchos críticos bautizaron a "Isle of Avalon" como uno de los mejores del trabajo. No estoy de acuerdo. Me parece un tema plomizo, con muy pocas partes salvables. Considero que ha habido un intento por entrar en nuevas texturas sonoras pero no han acertado. Veo unas notas de influencia asiática muy poco exprimidas. "Sólo" son 9 minutos de canción, aunque sí salvo algunos pasajes intermedios que me parecen muy interesantes musicalmente. Aún así, por duración, propuesta y desarrollo me parece la canción más floja del disco.
No así "Starblind", que siendo otra pieza larga, de casi ocho minutos sí muestra una inspiración, con muy buen despliegue vocal de Bruce y unos cambios de ritmo que hacen de la canción un momento muy interesante. Exactamente igual que lo que sucede con "The talisman", que va del ritmo terpidante que marca Harris a las paradinhas guitarreras en las que los tres hachas se turnan para mostrar su catálogo creativo. Son dos canciones que suben bastante la media del disco.
La recta final tiene los dos temas más largos, con 8 y 11 minutos cada uno. "The man who would be king" no está mal, pero convierte a "The final frontier" en un disco repetitivo tanta canción larga con el mismo patrón: intro lenta - crescendo - puente - estribillo - solo y a la inversa repetición del proceso. ¿Son malas canciones? No, en general, pero se echa de menos que se rompa el ritmo, que haya contundencia cuando parece que va a haberla. Encuentro demasiados "riffs interruptus", demasiado amago. Y eso no es bueno en un disco de Iron Maiden.
Eso sí, la canción final es una verdadera joya. Para mí el clásico del disco. 11 minutos de gloria metalera maideniana. ¿Causalidad? No, no debe de ser casualidad que el compositor haya sido Steve Harris en solitario. Lo siento por los demás, pero es así. "Where the wild wind blows" es un auténtico muestrario de lo que este grupo es capaz de hacer cuando se lo propone. Es cierto que el esquema repetitivo de todas las canciones se vuelve a dar aquí, pero hay una diferencia abismal, la composición está basada en la trayectoria clásica del grupo, y puedo asegurar que los 11 minutos no se hacen para nada largos.
Un sonido de viento invernal abre una pieza que puede resultar en directo tan emocionante como "Hallowed be thy name". Unas guitarras lentas, con el bajo del jefe dirigiendo la operación, le dejan paso a un Dickinson que abre su garganta en canal para trasladarnos a los mejores momentos de su carrera. Su ritmo monta la melodía musical con un dominio insultante. El tema avanza y sabes que va a explotar, que viene... Y llega más de dos minutos después, sin una velocidad vertigonosa porque no hace falta. Las guitarras suenan heavies, y Nicko cubre las espaldas de sus compañeros sin alharacas, tan efectivo como siempre.
El primer round de estrofas narradas casi más que cantadas los músicos paran. Se dan un respiro y dan paso a la creatividad, siempre con Bruce mandando. La inspiración de Harris, del gran jefe de este negocio, de ese cerebro siempre alerta, da el visto bueno a una sucesión de solos cortos cuando la canción se nos escapa de las manos. Hemos pasado el ecuador y uno sigue boquiabierto. Acaban los solos y vienen de nuevo, desafiantes, Harris y Dickinson para recordarnos que en el corazón aún tienen ese poso maideniano único, capaz de estremecer. De repente, todo pasa y vuelve el viento para que se acabe. Y yo pregunto, ¿Por qué no lo hacéis más a menudo? Sólo deseo que descarguen esta brillante canción y que me estremezca tanto como ahora que la vuelvo a tener de fondo.
¿Es un mal disco? No creo que se pueda plantear en estos términos, sólo sé que no era lo que esperábamos ni lo que queríamos y, realmente, no sé si culpar a Bruce, a Harris o a los demás, pero pueden, y deben antes de retirarse hacer otra cosa, satisfacernos. "Brave new world" se acercó mucho a eso, pero desde entonces han pasado muchos años.
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